NUEVO ALCANCE SOBRE GAZA
Ahora que las tropas israelís se han retirado de Gaza (y lo hicieron justo antes de que el Pdte. Obama asumiera su cargo en los EEUU), la opinión pública israelí comienza a preguntarse si realmente han ganado algo con esa guerra que ha traído tanta destrucción y causado tantas muertes.
Muchos críticos en Israel dicen que aunque Hamás haya sufrido un rudo golpe, su poder de fuego no ha sido realmente quebrado, ni menos ha disminuido su popularidad entre la población de la franja sino lo contrario. Los túneles que conectan con Egipto, a través de los cuales se realiza el contrabando de armas, han sido reparados o han construido otros nuevos, de manera que el lanzamiento de cohetes sobre los asentamientos judíos cercanos continúa.
Los más recalcitrantes creen que la ofensiva no debió haberse detenido, cualquiera que fuera el costo humano, hasta destruir por completo el poder de Hamás. Otros creen que el daño hecho a la imagen internacional de su país ha sido demasiado grande como para compensar el daño limitado inflingido a Hamás.
A mi juicio, la troika conformada por Olmert, Barak y Livni debería ser acusada ante un tribunal internacional por grave atentado contra los derechos humanos, como fue acusado en su momento Ariel Sharon, por la matanza de Sabra-Shatila, en el Líbano, de inicios del 82. Claro está que él no ha llegó a ser juzgado por esa matanza, pero eso no quiere decir que escape al juicio divino. Como es sabido, Sharon sufrió un derrame cerebral en el 2006, a poco de retirarse de la franja de Gaza, que había invadido. Desde entonces se encuentra en estado de coma. Pero su alma no está en coma. No me extrañaría que se encuentre bien despierta en la antesala del infierno.
Desgraciadamente el rechazo a la reciente ofensiva contra Gaza es una opinión minoritaria en Israel, y desgraciadamente también, no hay ningún político de recambio en ese país cuya elección pueda significar una modificación de la política prepotente que ha venido siguiendo ese país desde el asesinato de I. Rabin en 1995. A Netanyaju, que saldrá posiblemente victorioso en las elecciones de febrero, ya se le conoce como un duro, aunque es probable que los últimos acontecimientos le hayan enseñado algo en el sentido de la prudencia y no quiera repetir los errores de Olmert.
La incógnita naturalmente es saber qué posición va a asumir el Pdte. Obama respecto del Cercano Oriente , aunque un signo de su probable orientación lo constituye el hecho de que la primera persona a la que llamara por teléfono al asumir el mando fuera el presidente Abbas de la Autoridad Palestina, antes que a ningún otro jefe de estado, y de que haya nombrado un enviado especial con el encargo de lograr un entendimiento entre las partes del conflicto. Del liderazgo que asuma Obama y de las medidas que anuncie cuando llegue el momento depende en gran parte la dirección que tomen los acontecimientos en el Mediano Oriente.
Si bien lo que está ocurriendo en esa atribulada zona del mundo nos entristece o enfurece, según sea el caso, de otro lado, nos llena también de esperanza porque esos hechos constituyen para nosotros un signo de que la venida de Nuestro Señor Jesucristo se acerca. ¡Maran atá! ¡El Señor Viene! ¡Oh sí, Maraná ta! ¡Ven Señor Jesús! ¡No tardes!
martes, 27 de enero de 2009
sábado, 17 de enero de 2009
¿QUE PENSAR DE LO QUE ESTÁ SUCEDIENDO EN GAZA
Varias personas me han preguntado qué pienso acerca de lo que está ocurriendo en franja de Gaza, sin que tenga por ahora visos de acabar.
Quisiera para comenzar reproducir un artículo del periodista Gideon Levy aparecido pocos días después de iniciado el ataque, en el diario Haaretz de Jerusalén, pues expresa muy bien lo que la gente sensata de ese país piensa.
02-01-2009
FUERZA AÉREA ISRAELÍ, MATONES DE LOS CIELOS AZULES
Gideon Levy
Haaretz
En estos momentos nuestros mejores jóvenes están atacando Gaza. Buenos muchachos procedentes de buenas familias están haciendo cosas malas. La mayoría de ellos son elocuentes, impresionantes, rebosan confianza en sí mismos, a menudo se jactan incluso de albergar principios elevados, y el Sábado Negro docenas de ellos salieron a bombardear algunos de los objetivos de nuestro "campo de tiro" de la Franja de Gaza.
Salieron a bombardear la ceremonia de graduación de los jóvenes agentes de policía que habían conseguido hacerse con ese escasísimo bien en Gaza, un puesto de trabajo, y los masacraron por docenas. Bombardearon una mezquita, matando a cinco hermanas de la familia Balousha, la más joven de las cuales tenía cuatro años. Bombardearon un cuartel de policía hiriendo a una doctora que pasaba por allí. La doctora se encuentra ahora en estado vegetativo en el hospital de Shifa, que regurgita muertos y heridos. Bombardearon una universidad que en Israel llamamos la Rafael palestina, es decir, el equivalente del fabricante de armas israelí, y destruyeron los dormitorios de los estudiantes. Lanzaron centenares de bombas desde el cielo azul sin encontrar la más mínima resistencia.
En cuatro días mataron a 375 personas. Ni distinguieron ni tenían posibilidad de distinguir entre un oficial de Hamas y sus hijos, entre un policía de tráfico y un operador de lanzaderas de Kassams, entre un escondite de armas y una clínica, entre el primer y el segundo piso de un bloque de apartamentos densamente poblado con decenas de niños dentro. Según los informes, aproximadamente la mitad de los muertos han sido civiles inocentes. No nos estamos quejando de la puntería de los pilotos, las cosas no pueden ser de otra manera cuando el arma es un avión y el objetivo una diminuta franja donde se hacinan multitudes. Nuestros excelentes pilotos son ahora, efectivamente, matones. Igual que en los vuelos de entrenamiento lanzan sus bombas sin la más mínima molestia, sin tener delante a una fuerza aérea enemiga ni un sistema defensivo.
Es difícil juzgar lo que piensan, cómo se sienten. De todos modos, es poco probable que eso importe. A los pilotos se los mide por sus acciones. En cualquier caso, desde una altura de miles de pies la imagen se ve tan borrosa como la mancha de tinta de un test Rorschach. Se fija el objetivo, se pulsa el botón y surge una columna de humo negro. Otro "blanco alcanzado". Ningún piloto ve el efecto de sus acciones sobre el terreno. Seguramente tienen la cabeza llena de historias de horror de Gaza –un lugar en el que ellos jamás han puesto los pies-, como si no hubiera allí un millón y medio de personas que sólo anhelan vivir con un mínimo de honor, algunos de ellos tan jóvenes como ellos, con sueños de estudiar, trabajar y criar una familia, pero que no tienen la oportunidad de cumplir sus sueños, con o sin bombardeos.
¿Pensarán los pilotos en ellos, en los hijos de los refugiados cuyos padres y abuelos ya han sido expulsados de sus propias vidas? ¿Pensarán en las miles de personas que han dejado reducidas a un estado de discapacidad permanente en un territorio sin un solo hospital digno de ese nombre y que no dispone de ningún centro de rehabilitación? ¿Pensarán en el odio lacerante que están sembrando no sólo en Gaza sino también en otros rincones del mundo en medio de las horribles imágenes difundidas por la televisión?
No fueron los pilotos quienes decidieron ir a la guerra, pero ellos son los subcontratistas. La verdadera responsabilidad recae sobre los encargados de tomar las decisiones, pero los pilotos son sus socios. Al regresar a casa se les acogerá con todo el respeto y el honor que solemos reservarles. Con toda seguridad, no solamente no habrá nadie que trate de inducirles a una reflexión moral sino que además son considerados como los verdaderos héroes de esta maldita guerra. En sus partes diarios el portavoz del ejército israelí ya se está desmelenando con elogios el "magnífico trabajo" que están haciendo. Evidentemente, también él ignora por completo las imágenes de Gaza. Después de todo, estos pilotos no son sádicos agentes de la Policía de Fronteras que apalean a los árabes en las callejuelas de Nablús y en el centro de Hebrón, o crueles soldados de incógnito que matan a sangre fría a sus objetivos disparando sobre ellos a bocajarro. Estos, como hemos dicho, son lo más granado de nuestra juventud.
Tal vez si tuvieran que confrontar los resultados de su "magnífico trabajo" es posible que lamentaran sus decisiones y reconsideraran los efectos de sus acciones. Si solamente visitaran una vez el Pabellón de Pediatría y Rehabilitación Juvenil del hospital Alyn de Jerusalén, donde Marya Aman, de siete años, lleva casi tres años hospitalizada -es una niña cuadriplégica que gobierna su silla de ruedas y su vida con su mentón-, tal vez experimentaran algún remordimiento. Esta adorable niña fue alcanzada en Gaza por un misil israelí que mató a casi toda su familia. Cortesía de nuestros pilotos.
Pero todo queda bien oculto de la mirada de los pilotos. Ellos sólo se limitan a hacer su trabajo, como se suele decir, solo obedecen órdenes, como si fueran máquinas de bombardear. En los últimos días se han superado a sí mismos en su labor y los resultados están a la vista de todo el mundo. Gaza se lame sus heridas, igual que antes lo hiciera el Líbano, y casi nadie se detiene un instante para preguntar si todo esto es necesario o inevitable y si favorece en algo a la seguridad y a la imagen moral de Israel. ¿Están regresando nuestros pilotos a sus bases sanos y salvos, o están regresando en realidad transformados en personas despiadadas, crueles y ciegas?
Fuente: http://www.haaretz.com/hasen/objects/pages/PrintArticleEn.jhtml?itemNo=1051317
El amor que muchos cristianos evangélicos (sobre todo en los EEUU) tienen por Israel los vuelve ciegos a las injusticias que el gobierno de ese país comete. Es una especie de idolatría a la que sacrifican no sólo su sentido de equidad sino hasta el más elemental sentido común.
Ellos creen que, por tratarse del pueblo elegido (elegido en el Antiguo Testamento, porque el pueblo elegido en el Nuevo Testamento somos nosotros los cristianos. Véase 1P 2:9; Gal 3:28,29; Rm 2:28,29) Dios aprueba todo lo que el estado moderno de Israel haga, sea bueno o malo según las normas morales que están en la Biblia, y con las que solemos calificar las acciones humanas.
Pero Dios no tiene dos conjuntos de normas y principios morales, uno aplicable a Israel y otro al resto de los mortales, esto es, a los gentiles, entre los que nos contamos nosotros los cristianos no judíos.
Las leyes de Dios se aplican a todos por igual, cristianos o judíos o paganos, porque Dios no hace acepción de personas. Y si hubiera una diferencia, las aplicables a los que por un motivo u otro están más cerca de Él, son más severas, porque al que mucho se le da mucho se le demanda. (Lc 12:48)
Los judíos no tienen patente de corso para hacer lo que quieran con su prójimo, aunque éstos sean árabes palestinos. Lo que es condenable en un no judío lo es igualmente en un judío. Los que creen que Dios no castigará a Israel por las injusticias que comete con sus hermanos árabes (hermanos porque unos y otros descienden de Abraham) deberían leer el AT. ¿Acaso no destruyó Dios a causa de sus pecados a las diez tribus del reino del Norte que fue conquistado por los asirios? ¿No usó Dios por el mismo motivo a Nabucodonosor para que destruyera el templo y la ciudad de Jerusalén y se llevara lo mejor del pueblo cautivo al exilio? El que quiera tener una idea de lo que piensa Dios acerca de los pecados de su pueblo que lea Jr 7:1-20, especialmente los vers. 5 al 7.
Sería blasfemar de Dios pensar que Él aprueba lo que está haciendo la aviación y el ejército israelí en estos días en la sufrida Gaza, atacando a una población civil indefensa, derribando viviendas, bombardeando hospitales y atacando ambulancias, matando a centenares de personas inocentes, dejando niños huérfanos y a muchos hombres y mujeres lisiados de por vida.
Nosotros como cristianos tenemos en gran estima al pueblo y a la tierra de Israel, entre otros motivos, 1) porque durante mucho tiempo fueron sus testigos en medio de un mundo pagano; 2) porque Dios reveló a través de ellos su bendita palabra; y 3) porque confiamos en que, después de muchos siglos de incredulidad, al final de los tiempos , como está profetizado, un remanente de ese pueblo que Dios suscitó para que de su seno naciera Jesús, lo reconocerá como Mesías y Salvador. Aunque la mayoría de ellos en nuestro tiempo no crean en Dios el pueblo judío es un testigo extraordinario de la presencia de Dios en la historia, y de la realidad de sus promesas, pues sin una intervención de lo alto hubiera sido imposible que un pueblo sin tierra, perseguido y expulsado de todas partes y despreciado durante siglos, se haya mantenido unido y no haya perdido su identidad.
Pero nosotros no podemos identificar al pueblo que es portador de las promesas de Dios con su gobierno de turno, porque éste es un fenómeno político transitorio, sujeto a los vaivenes de la lucha por el poder, como bien escribe el rabino Morris N. Ketzer en su libro “What is a Jew?” (libro que por lo demás recomiendo al que quiere tener en un volumen compacto lo esencial de las creencias y tradiciones de ese pueblo)-
Israel es ciertamente un país admirable desde muchos aspectos, como todos los que hemos estado ahí recientemente hemos podido ver. Es un país moderno que está a la vanguardia en muchos campos de la tecnología moderna. Es la única democracia verdadera de esa región, donde se respetan las libertades y se vive bajo el imperio de la constitución. Lo cual no quiere decir que sea una nación libre de injusticias y de discriminación, pues los judíos de origen oriental o norafricano (Mizrajis), de tez oscura, son desfavorecidos respecto de los judíos de origen europeo (Askenazim).
La sociedad israelí moderna es atea, racionalista y sumamente etnocéntrica. La mayoría de su población está alejada de Dios. Sólo una pequeña minoría ortodoxa conserva la fe rabínica de sus mayores, si bien, debido al carácter fracturado de la política de ese país, ejerce gran influencia en la legislación. Por ello los judíos mesiánicos (cristianos) que emigran a Israel encuentran serios obstáculos burocráticos para obtener la ciudadanía que la constitución garantiza a toda persona nacida de una mujer judía.
Nuestra estima por Israel no debe llevarnos a aprobar todo lo que hace su gobierno actual, cuya torpe política lo llevó a convertirse en el gobierno más impopular que lo haya gobernado en sus 60 años de independencia. Se le ha echado en cara, creo yo con razón, que la ofensiva contra Gaza fue motivada por la necesidad que tenía la coalición gobernante de levantar sus bonos frente a las elecciones que se van a realizar en febrero. Y en efecto, han logrado su propósito pues su popularidad ha aumentado.
El hecho es, sin embargo, que al atacar Gaza, el gobierno de Israel ha caído en la trampa que le tendió el movimiento terrorista palestino Hamás. Este grupo extremista no busca defender a los palestinos. Lo que quieren es poder. Para ello necesitan víctimas para presentarse como defensores de la causa de su pueblo. Ahora están teniendo todas las víctimas que necesitan por cortesía del ejército israelí.
La dureza con que Israel ha respondido a las protestas palestinas y ha tratado a sus organizaciones en el pasado no le ha rendido buenos dividendos, sino lo contrario. Hamás surgió como consecuencia de la intransigencia de Israel con la OLP, que era relativamente moderada. Hizbulá, cuya potencia de fuego hizo fracasar la incursión israelí en el Líbano hace dos años, no existía cuando Sharon invadió el sur del Libano a inicios de la década del 80 causando centenares de víctimas. La actual ofensiva no ha aumentado el respaldo de la población palestina al presidente Abbas. Ha reforzado más bien la popularidad de Hamás.
La estrategia que sigue Israel –como nos explicaba el inteligente guía argentino-israelí que tuvo nuestro grupo en nuestra reciente gira a ese país- busca que sus vecinos les tengan no miedo, sino pánico, para que no se atrevan a meterse con ellos. Es una estrategia terriblemente inhumana, que puede ser eficaz en el corto plazo, pero que es trágicamente equivocada en el largo plazo porque, si bien es cierto que el temor paraliza, también engendra odio. Y el odio es una fuerza terriblemente destructora cuando estalla.
Al iniciarse la incursión en Gaza la mayoría de la población Israelí desaprobaba la acción de su gobierno. Hoy el 90% la aprueba. La población ha cerrado filas detrás de sus fuerzas armadas. El diario de oposición Haaretz ya no publica artículos como el de G. Levy que he reproducido arriba criticando al gobierno. Sin embargo, ha trascendido que de los tres miembros de la “troika” del Ejecutivo que tiene las decisiones en sus manos, el Ministro de Defensa, Ehud Barak, y la Ministra de Relaciones Exteriores, Zvi Livni, desean un alto al fuego, porque son concientes del enorme daño que estas acciones le están haciendo a la imagen de Israel en el exterior. Pero el Primer Ministro Ehud Olmert quiere continuar la ofensiva hasta las últimas consecuencias y evita convocar al Consejo de Ministros para ganar tiempo.
Último momento: Al terminar este escrito hoy sábado 17 a las 8 pm hace una hora que Israel ha declarado un cese de fuego unilateral en Gaza. Se trata de una cesación de hostilidades de parte israelí que no garantiza que Hamás no continúe disparando cohetes. Por es motivo es un cese de fuego sumamente frágil que puede ser roto en cualquier momento. Pero al menos traerá un poco de calma a la atribulada franja que abre la posibilidad de que los socorros humanitarios puedan llegar y ser distribuidos entre la población con más facilidad.
Quisiera para comenzar reproducir un artículo del periodista Gideon Levy aparecido pocos días después de iniciado el ataque, en el diario Haaretz de Jerusalén, pues expresa muy bien lo que la gente sensata de ese país piensa.
02-01-2009
FUERZA AÉREA ISRAELÍ, MATONES DE LOS CIELOS AZULES
Gideon Levy
Haaretz
En estos momentos nuestros mejores jóvenes están atacando Gaza. Buenos muchachos procedentes de buenas familias están haciendo cosas malas. La mayoría de ellos son elocuentes, impresionantes, rebosan confianza en sí mismos, a menudo se jactan incluso de albergar principios elevados, y el Sábado Negro docenas de ellos salieron a bombardear algunos de los objetivos de nuestro "campo de tiro" de la Franja de Gaza.
Salieron a bombardear la ceremonia de graduación de los jóvenes agentes de policía que habían conseguido hacerse con ese escasísimo bien en Gaza, un puesto de trabajo, y los masacraron por docenas. Bombardearon una mezquita, matando a cinco hermanas de la familia Balousha, la más joven de las cuales tenía cuatro años. Bombardearon un cuartel de policía hiriendo a una doctora que pasaba por allí. La doctora se encuentra ahora en estado vegetativo en el hospital de Shifa, que regurgita muertos y heridos. Bombardearon una universidad que en Israel llamamos la Rafael palestina, es decir, el equivalente del fabricante de armas israelí, y destruyeron los dormitorios de los estudiantes. Lanzaron centenares de bombas desde el cielo azul sin encontrar la más mínima resistencia.
En cuatro días mataron a 375 personas. Ni distinguieron ni tenían posibilidad de distinguir entre un oficial de Hamas y sus hijos, entre un policía de tráfico y un operador de lanzaderas de Kassams, entre un escondite de armas y una clínica, entre el primer y el segundo piso de un bloque de apartamentos densamente poblado con decenas de niños dentro. Según los informes, aproximadamente la mitad de los muertos han sido civiles inocentes. No nos estamos quejando de la puntería de los pilotos, las cosas no pueden ser de otra manera cuando el arma es un avión y el objetivo una diminuta franja donde se hacinan multitudes. Nuestros excelentes pilotos son ahora, efectivamente, matones. Igual que en los vuelos de entrenamiento lanzan sus bombas sin la más mínima molestia, sin tener delante a una fuerza aérea enemiga ni un sistema defensivo.
Es difícil juzgar lo que piensan, cómo se sienten. De todos modos, es poco probable que eso importe. A los pilotos se los mide por sus acciones. En cualquier caso, desde una altura de miles de pies la imagen se ve tan borrosa como la mancha de tinta de un test Rorschach. Se fija el objetivo, se pulsa el botón y surge una columna de humo negro. Otro "blanco alcanzado". Ningún piloto ve el efecto de sus acciones sobre el terreno. Seguramente tienen la cabeza llena de historias de horror de Gaza –un lugar en el que ellos jamás han puesto los pies-, como si no hubiera allí un millón y medio de personas que sólo anhelan vivir con un mínimo de honor, algunos de ellos tan jóvenes como ellos, con sueños de estudiar, trabajar y criar una familia, pero que no tienen la oportunidad de cumplir sus sueños, con o sin bombardeos.
¿Pensarán los pilotos en ellos, en los hijos de los refugiados cuyos padres y abuelos ya han sido expulsados de sus propias vidas? ¿Pensarán en las miles de personas que han dejado reducidas a un estado de discapacidad permanente en un territorio sin un solo hospital digno de ese nombre y que no dispone de ningún centro de rehabilitación? ¿Pensarán en el odio lacerante que están sembrando no sólo en Gaza sino también en otros rincones del mundo en medio de las horribles imágenes difundidas por la televisión?
No fueron los pilotos quienes decidieron ir a la guerra, pero ellos son los subcontratistas. La verdadera responsabilidad recae sobre los encargados de tomar las decisiones, pero los pilotos son sus socios. Al regresar a casa se les acogerá con todo el respeto y el honor que solemos reservarles. Con toda seguridad, no solamente no habrá nadie que trate de inducirles a una reflexión moral sino que además son considerados como los verdaderos héroes de esta maldita guerra. En sus partes diarios el portavoz del ejército israelí ya se está desmelenando con elogios el "magnífico trabajo" que están haciendo. Evidentemente, también él ignora por completo las imágenes de Gaza. Después de todo, estos pilotos no son sádicos agentes de la Policía de Fronteras que apalean a los árabes en las callejuelas de Nablús y en el centro de Hebrón, o crueles soldados de incógnito que matan a sangre fría a sus objetivos disparando sobre ellos a bocajarro. Estos, como hemos dicho, son lo más granado de nuestra juventud.
Tal vez si tuvieran que confrontar los resultados de su "magnífico trabajo" es posible que lamentaran sus decisiones y reconsideraran los efectos de sus acciones. Si solamente visitaran una vez el Pabellón de Pediatría y Rehabilitación Juvenil del hospital Alyn de Jerusalén, donde Marya Aman, de siete años, lleva casi tres años hospitalizada -es una niña cuadriplégica que gobierna su silla de ruedas y su vida con su mentón-, tal vez experimentaran algún remordimiento. Esta adorable niña fue alcanzada en Gaza por un misil israelí que mató a casi toda su familia. Cortesía de nuestros pilotos.
Pero todo queda bien oculto de la mirada de los pilotos. Ellos sólo se limitan a hacer su trabajo, como se suele decir, solo obedecen órdenes, como si fueran máquinas de bombardear. En los últimos días se han superado a sí mismos en su labor y los resultados están a la vista de todo el mundo. Gaza se lame sus heridas, igual que antes lo hiciera el Líbano, y casi nadie se detiene un instante para preguntar si todo esto es necesario o inevitable y si favorece en algo a la seguridad y a la imagen moral de Israel. ¿Están regresando nuestros pilotos a sus bases sanos y salvos, o están regresando en realidad transformados en personas despiadadas, crueles y ciegas?
Fuente: http://www.haaretz.com/hasen/objects/pages/PrintArticleEn.jhtml?itemNo=1051317
El amor que muchos cristianos evangélicos (sobre todo en los EEUU) tienen por Israel los vuelve ciegos a las injusticias que el gobierno de ese país comete. Es una especie de idolatría a la que sacrifican no sólo su sentido de equidad sino hasta el más elemental sentido común.
Ellos creen que, por tratarse del pueblo elegido (elegido en el Antiguo Testamento, porque el pueblo elegido en el Nuevo Testamento somos nosotros los cristianos. Véase 1P 2:9; Gal 3:28,29; Rm 2:28,29) Dios aprueba todo lo que el estado moderno de Israel haga, sea bueno o malo según las normas morales que están en la Biblia, y con las que solemos calificar las acciones humanas.
Pero Dios no tiene dos conjuntos de normas y principios morales, uno aplicable a Israel y otro al resto de los mortales, esto es, a los gentiles, entre los que nos contamos nosotros los cristianos no judíos.
Las leyes de Dios se aplican a todos por igual, cristianos o judíos o paganos, porque Dios no hace acepción de personas. Y si hubiera una diferencia, las aplicables a los que por un motivo u otro están más cerca de Él, son más severas, porque al que mucho se le da mucho se le demanda. (Lc 12:48)
Los judíos no tienen patente de corso para hacer lo que quieran con su prójimo, aunque éstos sean árabes palestinos. Lo que es condenable en un no judío lo es igualmente en un judío. Los que creen que Dios no castigará a Israel por las injusticias que comete con sus hermanos árabes (hermanos porque unos y otros descienden de Abraham) deberían leer el AT. ¿Acaso no destruyó Dios a causa de sus pecados a las diez tribus del reino del Norte que fue conquistado por los asirios? ¿No usó Dios por el mismo motivo a Nabucodonosor para que destruyera el templo y la ciudad de Jerusalén y se llevara lo mejor del pueblo cautivo al exilio? El que quiera tener una idea de lo que piensa Dios acerca de los pecados de su pueblo que lea Jr 7:1-20, especialmente los vers. 5 al 7.
Sería blasfemar de Dios pensar que Él aprueba lo que está haciendo la aviación y el ejército israelí en estos días en la sufrida Gaza, atacando a una población civil indefensa, derribando viviendas, bombardeando hospitales y atacando ambulancias, matando a centenares de personas inocentes, dejando niños huérfanos y a muchos hombres y mujeres lisiados de por vida.
Nosotros como cristianos tenemos en gran estima al pueblo y a la tierra de Israel, entre otros motivos, 1) porque durante mucho tiempo fueron sus testigos en medio de un mundo pagano; 2) porque Dios reveló a través de ellos su bendita palabra; y 3) porque confiamos en que, después de muchos siglos de incredulidad, al final de los tiempos , como está profetizado, un remanente de ese pueblo que Dios suscitó para que de su seno naciera Jesús, lo reconocerá como Mesías y Salvador. Aunque la mayoría de ellos en nuestro tiempo no crean en Dios el pueblo judío es un testigo extraordinario de la presencia de Dios en la historia, y de la realidad de sus promesas, pues sin una intervención de lo alto hubiera sido imposible que un pueblo sin tierra, perseguido y expulsado de todas partes y despreciado durante siglos, se haya mantenido unido y no haya perdido su identidad.
Pero nosotros no podemos identificar al pueblo que es portador de las promesas de Dios con su gobierno de turno, porque éste es un fenómeno político transitorio, sujeto a los vaivenes de la lucha por el poder, como bien escribe el rabino Morris N. Ketzer en su libro “What is a Jew?” (libro que por lo demás recomiendo al que quiere tener en un volumen compacto lo esencial de las creencias y tradiciones de ese pueblo)-
Israel es ciertamente un país admirable desde muchos aspectos, como todos los que hemos estado ahí recientemente hemos podido ver. Es un país moderno que está a la vanguardia en muchos campos de la tecnología moderna. Es la única democracia verdadera de esa región, donde se respetan las libertades y se vive bajo el imperio de la constitución. Lo cual no quiere decir que sea una nación libre de injusticias y de discriminación, pues los judíos de origen oriental o norafricano (Mizrajis), de tez oscura, son desfavorecidos respecto de los judíos de origen europeo (Askenazim).
La sociedad israelí moderna es atea, racionalista y sumamente etnocéntrica. La mayoría de su población está alejada de Dios. Sólo una pequeña minoría ortodoxa conserva la fe rabínica de sus mayores, si bien, debido al carácter fracturado de la política de ese país, ejerce gran influencia en la legislación. Por ello los judíos mesiánicos (cristianos) que emigran a Israel encuentran serios obstáculos burocráticos para obtener la ciudadanía que la constitución garantiza a toda persona nacida de una mujer judía.
Nuestra estima por Israel no debe llevarnos a aprobar todo lo que hace su gobierno actual, cuya torpe política lo llevó a convertirse en el gobierno más impopular que lo haya gobernado en sus 60 años de independencia. Se le ha echado en cara, creo yo con razón, que la ofensiva contra Gaza fue motivada por la necesidad que tenía la coalición gobernante de levantar sus bonos frente a las elecciones que se van a realizar en febrero. Y en efecto, han logrado su propósito pues su popularidad ha aumentado.
El hecho es, sin embargo, que al atacar Gaza, el gobierno de Israel ha caído en la trampa que le tendió el movimiento terrorista palestino Hamás. Este grupo extremista no busca defender a los palestinos. Lo que quieren es poder. Para ello necesitan víctimas para presentarse como defensores de la causa de su pueblo. Ahora están teniendo todas las víctimas que necesitan por cortesía del ejército israelí.
La dureza con que Israel ha respondido a las protestas palestinas y ha tratado a sus organizaciones en el pasado no le ha rendido buenos dividendos, sino lo contrario. Hamás surgió como consecuencia de la intransigencia de Israel con la OLP, que era relativamente moderada. Hizbulá, cuya potencia de fuego hizo fracasar la incursión israelí en el Líbano hace dos años, no existía cuando Sharon invadió el sur del Libano a inicios de la década del 80 causando centenares de víctimas. La actual ofensiva no ha aumentado el respaldo de la población palestina al presidente Abbas. Ha reforzado más bien la popularidad de Hamás.
La estrategia que sigue Israel –como nos explicaba el inteligente guía argentino-israelí que tuvo nuestro grupo en nuestra reciente gira a ese país- busca que sus vecinos les tengan no miedo, sino pánico, para que no se atrevan a meterse con ellos. Es una estrategia terriblemente inhumana, que puede ser eficaz en el corto plazo, pero que es trágicamente equivocada en el largo plazo porque, si bien es cierto que el temor paraliza, también engendra odio. Y el odio es una fuerza terriblemente destructora cuando estalla.
Al iniciarse la incursión en Gaza la mayoría de la población Israelí desaprobaba la acción de su gobierno. Hoy el 90% la aprueba. La población ha cerrado filas detrás de sus fuerzas armadas. El diario de oposición Haaretz ya no publica artículos como el de G. Levy que he reproducido arriba criticando al gobierno. Sin embargo, ha trascendido que de los tres miembros de la “troika” del Ejecutivo que tiene las decisiones en sus manos, el Ministro de Defensa, Ehud Barak, y la Ministra de Relaciones Exteriores, Zvi Livni, desean un alto al fuego, porque son concientes del enorme daño que estas acciones le están haciendo a la imagen de Israel en el exterior. Pero el Primer Ministro Ehud Olmert quiere continuar la ofensiva hasta las últimas consecuencias y evita convocar al Consejo de Ministros para ganar tiempo.
Último momento: Al terminar este escrito hoy sábado 17 a las 8 pm hace una hora que Israel ha declarado un cese de fuego unilateral en Gaza. Se trata de una cesación de hostilidades de parte israelí que no garantiza que Hamás no continúe disparando cohetes. Por es motivo es un cese de fuego sumamente frágil que puede ser roto en cualquier momento. Pero al menos traerá un poco de calma a la atribulada franja que abre la posibilidad de que los socorros humanitarios puedan llegar y ser distribuidos entre la población con más facilidad.
jueves, 1 de enero de 2009
LA OFENSIVA DE ISRAEL EN GAZA
La acusación más grave que puede hacerse a la ofensiva desatada por el ejército israelí contra las instalaciones de Hamas en la franja de Gaza es que es una estrategia contraproducente, como lo fue igualmente la ofensiva en el Líbano de hace dos años, donde finalmente Hizbulá quedó con su poder de ataque intacto y un aumentado prestigio entre los islamistas.
En el caso de la ofensiva en Gaza, Israel ha caído en la trampa que le tendió Hamas con sus inefectivos lanzamientos de mortero, que lo único que hacen, como táctica de agresión, es hostilizar a los residentes de los asentimientos judíos pero sin causar casi víctimas. En cambio la ofensiva israelí en Gaza aumenta la popularidad de Hamas entre la población de la franja en detrimento de la popularidad del movimiento más moderado de Al Fatah, al que pertenece al presidente de la autoridad de esa zona, y que está dispuesto a conciliar con Israel.
Este grave error táctico es reconocido por muchos analistas israelíes de prestigio que han criticado severamente al gobierno de su país por esta desafortunada intervención.
Desde el punto de vista puramente humanitario el ataque de la aviación israelí contra las instalaciones de Hamas es claramente injustificable, debido a las numerosas víctimas civiles inocentes que causa. Una ofensiva en tierra, como podría desatarse en cualquier momento, tendría consecuencias mucho peores aun. Paralizaría momentáneamente a los terroristas de Hamas pero, a la larga, los fortalecería. Desgraciadamente el camino de la paciencia y de la negociación diplomática requiere de mucha sabiduría y fortalece de carácter, virtudes ambas de las que la actual -e internamente dividida- coalición gobernante de Israel carece.
En el caso de la ofensiva en Gaza, Israel ha caído en la trampa que le tendió Hamas con sus inefectivos lanzamientos de mortero, que lo único que hacen, como táctica de agresión, es hostilizar a los residentes de los asentimientos judíos pero sin causar casi víctimas. En cambio la ofensiva israelí en Gaza aumenta la popularidad de Hamas entre la población de la franja en detrimento de la popularidad del movimiento más moderado de Al Fatah, al que pertenece al presidente de la autoridad de esa zona, y que está dispuesto a conciliar con Israel.
Este grave error táctico es reconocido por muchos analistas israelíes de prestigio que han criticado severamente al gobierno de su país por esta desafortunada intervención.
Desde el punto de vista puramente humanitario el ataque de la aviación israelí contra las instalaciones de Hamas es claramente injustificable, debido a las numerosas víctimas civiles inocentes que causa. Una ofensiva en tierra, como podría desatarse en cualquier momento, tendría consecuencias mucho peores aun. Paralizaría momentáneamente a los terroristas de Hamas pero, a la larga, los fortalecería. Desgraciadamente el camino de la paciencia y de la negociación diplomática requiere de mucha sabiduría y fortalece de carácter, virtudes ambas de las que la actual -e internamente dividida- coalición gobernante de Israel carece.
domingo, 9 de noviembre de 2008
FUJIMORI Y LA REVANCHA DE LA HISTORIA
Dentro de pocas semanas debe concluir el juicio al que sido sometido el ex presidente Alberto Fujimori, uno de los hombres más corruptos que se haya sentado en la silla presidencial de nuestro país y que más daño le haya hecho a nuestra patria. Es de esperar que caiga sobre él una sentencia adecuada que asegure permanecerá en la cárcel por el resto de sus días.
Muchas veces me he preguntado cómo fue posible que el Perú sufriera la humillación terrible de que un extranjero –pues Fujimori lo era, ya que la partida de bautismo que supuestamente decía que él había nacido en Lima un 28 de julio, es falsa- llegara a ocupar la más alta magistratura del país. Un hombre que odiaba y despreciaba al Perú, tal como lo manifestó repetidas veces durante la campaña electoral y al ocupar la presidencia; un hombre que, como evasor de impuestos, estaba impedido de ser candidato; un hombre que bajo la máscara de la democracia instauró un nuevo y oprobioso régimen militar en el Perú, en el que los uniformados sólo estaban subordinados a los caprichos del presidente y de su cómplice Montesinos.
El hecho es que la presidencia de Fujimori fue uno de esos extraños casos de revancha de la historia que ocasionalmente ocurren. Fue una revancha de la historia por una gran injusticia cometida en el pasado reciente de nuestro país contra la colonia japonesa, injusticia de la cual habla un reportaje publicado hoy por la revista dominical del diario La República, acerca de la familia Ikeda, duenos de la Avícola San Fernando.
Durante la segunda guerra mundial, en la década del cuarenta del siglo XX, el gobierno peruano cedió cobardemente a la presión del gobierno americano que pedía deportar a los EEUU a los adultos varones de origen japonés que vivían y trabajaban en el Perú y a veces a familias enteras.
La mayoría de esos hombres eran ciudadanos peruanos útiles que contribuían a nuestro bienestar laborando honestamente en diversos oficios y negocios. Se les separó cruelmente de sus familias y se les confinó en campos de concentración en territorio norteamericano, en donde vivían decentemente pero como prisioneros. ¿Cuál era su delito? El gobierno americano temía que algunos de ellos fueran espías del imperio nipón. El gobierno del Brasil, donde había una importante colonia japonesa- no cedió a la presión norteamericana. Nosotros sí. La historia nos ha pasado la factura de ese acto de cobardía de nuestro gobierno de entonces, poniendo al frente de nuestro país a un hombre de origen japonés, desgraciadamente indigno.
Yo recuerdo cómo los muchachos de mi barrio íbamos a cortarnos el pelo en el pequeño local que tenía un amable japonés, ya no muy joven, en la segunda cuadra de la Av. Conquistadores en San Isidro. De pronto el hombre desapareció y sola se quedó la buena María atendiendo a su menuda clientela y extrañando a su marido.
Muchos de esos nisei deportados perdieron durante el exilio los bienes que habían acumulado en décadas, pues un conocido abogado, a quien le habían confiado su administración, se quedó con ellos. ¿Por qué no lo denunciaron cuando regresaron? Posiblemente pensaron que debido a las conexiones de ese abogado, tenían pocas perspectivas de salir ganando. Quizá algunos lo intentaron sin éxito.
Aparentemente el Sr. Ikeda personalmente no sufrió ningún despojo durante su exilio, o al menos el reportaje no lo dice. Tampoco le guardó resentimiento al Perú pues regresó a trabajar y, con el tiempo, a hacer fortuna, como la hicieron también muchos de los injustamente deportados.
Yo no sé de qué manera el exilio afectó a la familia Fujimori, pero él sí le guardó a su país adoptivo un gran resentimiento que se manifestó en sus palabras de desprecio sobre nuestra historia, en el asalto descarado a las financias públicas, y en la violación de la más elementales reglas humanitarias. Felizmente, debido a un mal cálculo, el ex presidente se puso sin querer al alcance de la justicia peruana y ahora tiene que enfrentarse a los cargos severos que se le imputan.
Sin embargo, dicho sea de paso, yo considero que la permanencia en el Congreso y la posible candidatura presidencial de su hija Keiko en el 2011, es una burla agravada a nuestra patria, pues ella ha sido cómplice de los latrocinios de su padre al haberse beneficiado junto con sus hermanos durante años con el financiamiento de estudios en los EEUU cuyo costo ella sabía muy bien que no salían de los bolsillos de su padre, pues, ella misma lo ha dicho, era cubierto por Montesinos. Si ella no ha sido todavía acusada constitucionalmente es sólo debido a la vergonzosa alianza del APRA con el fujimorismo.
Un caso extraordinario reciente de revancha multifacética de la historia es la victoria de Barcack Hussein Obama en las última elecciones presidenciales de los EEUU. Digo multifacética, en primer lugar, porque él es negro, perteneciente a una raza que hasta hace pocas décadas no podía votar y a la que le estaban negadas muchos derechos fundamentales. En segundo lugar porque él es hijo de un economista de Kenia que nunca se hizo ciudadano norteamericano; porque no nació en el continente americano sino en Hawai, y porque creció en Indonesia, país musulmán donde los norteamericanos no son muy queridos. En tercer lugar, porque su segundo nombre es Hussein, el apellido de uno de los hombres más odiados por los EEUU -el ex dictador Sadam Hussein- para derrocar al cual ese país inició una guerra insana de altísimo costo humano y económico. Gracias a uno de esos giros inesperados de la historia, Obama, una figura lo menos norteamericana posible en apariencia y background, y perteneciente a una minoría todavía en algunos aspectos discriminada, ha vencido a un candidato cuyo aspecto y carrera es lo más norteamericano que uno pueda imaginarse, a un héroe de la guerra en Vietnam. Por eso su elección, algo que hace apenas dos años parecía imposible, ha abierto una ventana de entusiasmo y de esperanza no sólo en su país sino en el mundo entero. Quiera Dios que no nos desengañe.
Muchas veces me he preguntado cómo fue posible que el Perú sufriera la humillación terrible de que un extranjero –pues Fujimori lo era, ya que la partida de bautismo que supuestamente decía que él había nacido en Lima un 28 de julio, es falsa- llegara a ocupar la más alta magistratura del país. Un hombre que odiaba y despreciaba al Perú, tal como lo manifestó repetidas veces durante la campaña electoral y al ocupar la presidencia; un hombre que, como evasor de impuestos, estaba impedido de ser candidato; un hombre que bajo la máscara de la democracia instauró un nuevo y oprobioso régimen militar en el Perú, en el que los uniformados sólo estaban subordinados a los caprichos del presidente y de su cómplice Montesinos.
El hecho es que la presidencia de Fujimori fue uno de esos extraños casos de revancha de la historia que ocasionalmente ocurren. Fue una revancha de la historia por una gran injusticia cometida en el pasado reciente de nuestro país contra la colonia japonesa, injusticia de la cual habla un reportaje publicado hoy por la revista dominical del diario La República, acerca de la familia Ikeda, duenos de la Avícola San Fernando.
Durante la segunda guerra mundial, en la década del cuarenta del siglo XX, el gobierno peruano cedió cobardemente a la presión del gobierno americano que pedía deportar a los EEUU a los adultos varones de origen japonés que vivían y trabajaban en el Perú y a veces a familias enteras.
La mayoría de esos hombres eran ciudadanos peruanos útiles que contribuían a nuestro bienestar laborando honestamente en diversos oficios y negocios. Se les separó cruelmente de sus familias y se les confinó en campos de concentración en territorio norteamericano, en donde vivían decentemente pero como prisioneros. ¿Cuál era su delito? El gobierno americano temía que algunos de ellos fueran espías del imperio nipón. El gobierno del Brasil, donde había una importante colonia japonesa- no cedió a la presión norteamericana. Nosotros sí. La historia nos ha pasado la factura de ese acto de cobardía de nuestro gobierno de entonces, poniendo al frente de nuestro país a un hombre de origen japonés, desgraciadamente indigno.
Yo recuerdo cómo los muchachos de mi barrio íbamos a cortarnos el pelo en el pequeño local que tenía un amable japonés, ya no muy joven, en la segunda cuadra de la Av. Conquistadores en San Isidro. De pronto el hombre desapareció y sola se quedó la buena María atendiendo a su menuda clientela y extrañando a su marido.
Muchos de esos nisei deportados perdieron durante el exilio los bienes que habían acumulado en décadas, pues un conocido abogado, a quien le habían confiado su administración, se quedó con ellos. ¿Por qué no lo denunciaron cuando regresaron? Posiblemente pensaron que debido a las conexiones de ese abogado, tenían pocas perspectivas de salir ganando. Quizá algunos lo intentaron sin éxito.
Aparentemente el Sr. Ikeda personalmente no sufrió ningún despojo durante su exilio, o al menos el reportaje no lo dice. Tampoco le guardó resentimiento al Perú pues regresó a trabajar y, con el tiempo, a hacer fortuna, como la hicieron también muchos de los injustamente deportados.
Yo no sé de qué manera el exilio afectó a la familia Fujimori, pero él sí le guardó a su país adoptivo un gran resentimiento que se manifestó en sus palabras de desprecio sobre nuestra historia, en el asalto descarado a las financias públicas, y en la violación de la más elementales reglas humanitarias. Felizmente, debido a un mal cálculo, el ex presidente se puso sin querer al alcance de la justicia peruana y ahora tiene que enfrentarse a los cargos severos que se le imputan.
Sin embargo, dicho sea de paso, yo considero que la permanencia en el Congreso y la posible candidatura presidencial de su hija Keiko en el 2011, es una burla agravada a nuestra patria, pues ella ha sido cómplice de los latrocinios de su padre al haberse beneficiado junto con sus hermanos durante años con el financiamiento de estudios en los EEUU cuyo costo ella sabía muy bien que no salían de los bolsillos de su padre, pues, ella misma lo ha dicho, era cubierto por Montesinos. Si ella no ha sido todavía acusada constitucionalmente es sólo debido a la vergonzosa alianza del APRA con el fujimorismo.
Un caso extraordinario reciente de revancha multifacética de la historia es la victoria de Barcack Hussein Obama en las última elecciones presidenciales de los EEUU. Digo multifacética, en primer lugar, porque él es negro, perteneciente a una raza que hasta hace pocas décadas no podía votar y a la que le estaban negadas muchos derechos fundamentales. En segundo lugar porque él es hijo de un economista de Kenia que nunca se hizo ciudadano norteamericano; porque no nació en el continente americano sino en Hawai, y porque creció en Indonesia, país musulmán donde los norteamericanos no son muy queridos. En tercer lugar, porque su segundo nombre es Hussein, el apellido de uno de los hombres más odiados por los EEUU -el ex dictador Sadam Hussein- para derrocar al cual ese país inició una guerra insana de altísimo costo humano y económico. Gracias a uno de esos giros inesperados de la historia, Obama, una figura lo menos norteamericana posible en apariencia y background, y perteneciente a una minoría todavía en algunos aspectos discriminada, ha vencido a un candidato cuyo aspecto y carrera es lo más norteamericano que uno pueda imaginarse, a un héroe de la guerra en Vietnam. Por eso su elección, algo que hace apenas dos años parecía imposible, ha abierto una ventana de entusiasmo y de esperanza no sólo en su país sino en el mundo entero. Quiera Dios que no nos desengañe.
domingo, 19 de octubre de 2008
MAGALY MEDINA EN PRISIÓN
Es posible que se haya cometido un exceso al llevar esposados al penal a Magaly Medina y a su productor. Pero la condena que han sufrido ambos es una muy buena noticia pues por primera vez en el país los tribunales reconocen que existe un límite a la invasión de la esfera privada que el periodista ni nadie debe traspasar. Si no fuera así ¿por qué condenar el chuponeo telefónico?
Magaly ha hecho mucho daño a mucha gente, en su vida familiar y en sus relaciones humanas. Decir que la libertad de expresión autoriza al periodista a hacer daño a otros es aberrante. Si los “urracos” hubieran causado que la víctima de su acoso perdiera un ojo o una pierna en el proceso de persecución ¿no deberían ser condenados a la pérdida de libertad y a pagar una reparación civil adecuada? Pero el daño moral inflingido puede ser aun más grave y de peores consecuencias que el daño físico.
Estrictamente hablando la condena a cinco meses de cárcel es ridícula. Debería haber sido por más tiempo. Pero no sólo ella, también los directivos del canal deberían haber sido condenados, ya que ellos han sido sus cómplices, han promovido sus excesos y se han beneficiado económicamente con el daño que el programa hacía. En rigor, la jueza debió haber condenado también a los anunciantes a asumir solidariamente el pago de la reparación civil. Eso los haría más cautos sobre la forma como invierten el dinero destinado a la publicidad.
La libertad de expresión no puede autorizar a nadie a urgar en las intimidades de una persona que no es delincuente y a revelar aspectos de su vida privada que ella misma no desea hacer públicos. ¿Cubría, por ejemplo, la libertad de expresión el derecho de los paparazzi a perseguir a Lady Diana hasta la muerte?
Las voces discrepantes que la condena ha suscitado en los medios responden, creo yo, a un endiosamiento de la libertad de expresión, como si se tratara de un valor supremo que se sobrepone a todos los demás derechos, o de una patente de corso que todo lo autoriza. El terreno propio de la libertad de expresión, su razón de ser, es la "res” pública, las cosas relativas al gobierno y a la administración pública. Su finalidad es proteger a la democracia del autoritarismo. En ese campo la libertad de criticar o defender a quien fuere es sagrada. Por ese motivo la libertad de expresión incluye también la libre circulación de las noticias, de las opiniones y de las ideas. Pero no puede incluir el entrometerse en el ámbito de la vida privada, a menos que lo ordene un juez.
Magaly ha hecho mucho daño a mucha gente, en su vida familiar y en sus relaciones humanas. Decir que la libertad de expresión autoriza al periodista a hacer daño a otros es aberrante. Si los “urracos” hubieran causado que la víctima de su acoso perdiera un ojo o una pierna en el proceso de persecución ¿no deberían ser condenados a la pérdida de libertad y a pagar una reparación civil adecuada? Pero el daño moral inflingido puede ser aun más grave y de peores consecuencias que el daño físico.
Estrictamente hablando la condena a cinco meses de cárcel es ridícula. Debería haber sido por más tiempo. Pero no sólo ella, también los directivos del canal deberían haber sido condenados, ya que ellos han sido sus cómplices, han promovido sus excesos y se han beneficiado económicamente con el daño que el programa hacía. En rigor, la jueza debió haber condenado también a los anunciantes a asumir solidariamente el pago de la reparación civil. Eso los haría más cautos sobre la forma como invierten el dinero destinado a la publicidad.
La libertad de expresión no puede autorizar a nadie a urgar en las intimidades de una persona que no es delincuente y a revelar aspectos de su vida privada que ella misma no desea hacer públicos. ¿Cubría, por ejemplo, la libertad de expresión el derecho de los paparazzi a perseguir a Lady Diana hasta la muerte?
Las voces discrepantes que la condena ha suscitado en los medios responden, creo yo, a un endiosamiento de la libertad de expresión, como si se tratara de un valor supremo que se sobrepone a todos los demás derechos, o de una patente de corso que todo lo autoriza. El terreno propio de la libertad de expresión, su razón de ser, es la "res” pública, las cosas relativas al gobierno y a la administración pública. Su finalidad es proteger a la democracia del autoritarismo. En ese campo la libertad de criticar o defender a quien fuere es sagrada. Por ese motivo la libertad de expresión incluye también la libre circulación de las noticias, de las opiniones y de las ideas. Pero no puede incluir el entrometerse en el ámbito de la vida privada, a menos que lo ordene un juez.
jueves, 11 de septiembre de 2008
DARWINISMO LABORAL O LA DESHUMANIZACIÓN DEL TRABAJO
Un artículo publicado en la sección del Wall Street Journal del diario “El Comercio”, el miércoles 10 de este mes, informa que Ann Taylor Stores, una de las principales cadenas de tiendas minoristas de ropa femenina de los EEUU, ha implemento un sistema informático de evaluación del desempeño de sus empleados que permite extraerles el jugo para aumentar las ganancias de la empresa.
El sistema, que está conectado con todos los puntos de venta de las tiendas, registra todas las ventas que cierran sus empleados en el día, incluyendo el promedio de ventas por hora, las unidades vendidas, y los dólares por transacción. Estos datos permiten evaluar el desempeño diario de cada empleado.
Los datos obtenidos por el sistema son utilizados para asignar los mejores horarios a los mejores empleados –lo que aumenta su remuneración- y relegar a los turnos menos favorables a los empleados menos rendidores, con perjuicio de sus bolsillos.
Pero si bien este programa ha resultado beneficioso para los resultados económicos de la cadena (que por lo demás, no es la única que ha adoptado este tipo de sistemas) ha tenido un efecto desastroso en el clima laboral de las tiendas, que de ser uno de compañerismo y amistad, ha pasado a ser uno de competencia feroz en el que los vendedores se arrancan las ventas unos a otros.
De ahí que se acuse a este tipo de programas de evaluación, de implantar una forma perversa de darwinismo laboral en sus locales, por analogía con el concepto de supervivencia del más apto, que el naturalista Ch. Darwin desarrolló para explicar la evolución de las especies. Según su teoría, en la competencia por el alimento y las hembras, los especimenes mas fuertes desplazaban o eliminaban a los más débiles, y transmitían en el curso de las generaciones a su progenie, las aptitudes que les habían permitido imponerse sobre los demás (Nota). Esta teoría ha sido aplicada también a la competencia entre las empresas en el mercado: las más eficientes sobreviven y prosperan; las que lo son menos, vegetan o desaparecen.
A este programa innovador los ejecutivos de Ann Taylor lo llaman “gestión del capital humano”. Notemos la implicancia: Sabemos que el capital de una empresa está constituido básicamente por los activos fijos (inmuebles, maquinaria, vehículos), inventarios, dinero en caja y bancos, etc. Bajo la óptica del programa los empleados son considerados como objetos, cosas, igual que los componentes mencionados del capital convencional, y son tratados como tales, para sacar de ellos el mayor provecho posible.
La consecuencia práctica para los empleados es que ya no pueden planificar ordenadamente sus vidas como antes, porque sus horarios de trabajo y sus ingresos varían con los avatares de las ventas, que son cambiantes. Su vida privada y familiar, por ende, sufre.
Los ejecutivos y los accionistas de la empresa aumentan sus ingresos a costa del sufrimiento, o por lo menos, de la incomodidad, de sus empleados. Esto ya no es comer el pan con el sudor de la frente ajena, como ha sido usual en el curso de la historia, sino a costa del malestar inflingido concientemente a sus trabajadores.
¿Cómo no recordar la frase de Pablo a Timoteo: “Porque raíz de todos los males es el amor al dinero…”? (1Tm 6:10).
Si los ejecutivos de la compañía amaran más a sus empleados que al dinero que, en parte, ganan gracias a ellos, no aplicarían esas políticas laborales inmisericordes, sino tratarían de hacer que en sus tiendas prevaleciera un ambiente laboral agradable, que permitiera que sus trabajadores amaran su trabajo y que se alegraran cada día de volver a él. Esos empresarios acumularían de esa manera menos tesoros en la tierra, a cambio de aumentar su tesoro en el cielo. Tendrían, como se dice en el mundo empresarial, una visión de largo plazo para su negocio; en verdad una visión de plazo eterno.
Nota: Pero hay más razones para vincular a este tipo de prácticas inhumanas, laborales o de otro orden, con Darwin. Al postular que el hombre y el mono, partiendo de una célula primigenia, descienden de un antepasado común, es decir, que el ser humano es producto de una evolución biológica ciega y sin propósito, que dio origen a todas las especies de seres vivos, Darwin redujo al hombre a la categoría de un simple animal, que puede ser manipulado, explotado o eliminado, con la misma naturalidad con que se trata al reino animal para provecho del hombre. Darwin proveyó la excusa apropiada para los crueles experimentos con seres humanos hechos por los nazis, así como también para tratar al feto humano como un simple amasijo de células que puede ser abortado sin escrúpulos.
El sistema, que está conectado con todos los puntos de venta de las tiendas, registra todas las ventas que cierran sus empleados en el día, incluyendo el promedio de ventas por hora, las unidades vendidas, y los dólares por transacción. Estos datos permiten evaluar el desempeño diario de cada empleado.
Los datos obtenidos por el sistema son utilizados para asignar los mejores horarios a los mejores empleados –lo que aumenta su remuneración- y relegar a los turnos menos favorables a los empleados menos rendidores, con perjuicio de sus bolsillos.
Pero si bien este programa ha resultado beneficioso para los resultados económicos de la cadena (que por lo demás, no es la única que ha adoptado este tipo de sistemas) ha tenido un efecto desastroso en el clima laboral de las tiendas, que de ser uno de compañerismo y amistad, ha pasado a ser uno de competencia feroz en el que los vendedores se arrancan las ventas unos a otros.
De ahí que se acuse a este tipo de programas de evaluación, de implantar una forma perversa de darwinismo laboral en sus locales, por analogía con el concepto de supervivencia del más apto, que el naturalista Ch. Darwin desarrolló para explicar la evolución de las especies. Según su teoría, en la competencia por el alimento y las hembras, los especimenes mas fuertes desplazaban o eliminaban a los más débiles, y transmitían en el curso de las generaciones a su progenie, las aptitudes que les habían permitido imponerse sobre los demás (Nota). Esta teoría ha sido aplicada también a la competencia entre las empresas en el mercado: las más eficientes sobreviven y prosperan; las que lo son menos, vegetan o desaparecen.
A este programa innovador los ejecutivos de Ann Taylor lo llaman “gestión del capital humano”. Notemos la implicancia: Sabemos que el capital de una empresa está constituido básicamente por los activos fijos (inmuebles, maquinaria, vehículos), inventarios, dinero en caja y bancos, etc. Bajo la óptica del programa los empleados son considerados como objetos, cosas, igual que los componentes mencionados del capital convencional, y son tratados como tales, para sacar de ellos el mayor provecho posible.
La consecuencia práctica para los empleados es que ya no pueden planificar ordenadamente sus vidas como antes, porque sus horarios de trabajo y sus ingresos varían con los avatares de las ventas, que son cambiantes. Su vida privada y familiar, por ende, sufre.
Los ejecutivos y los accionistas de la empresa aumentan sus ingresos a costa del sufrimiento, o por lo menos, de la incomodidad, de sus empleados. Esto ya no es comer el pan con el sudor de la frente ajena, como ha sido usual en el curso de la historia, sino a costa del malestar inflingido concientemente a sus trabajadores.
¿Cómo no recordar la frase de Pablo a Timoteo: “Porque raíz de todos los males es el amor al dinero…”? (1Tm 6:10).
Si los ejecutivos de la compañía amaran más a sus empleados que al dinero que, en parte, ganan gracias a ellos, no aplicarían esas políticas laborales inmisericordes, sino tratarían de hacer que en sus tiendas prevaleciera un ambiente laboral agradable, que permitiera que sus trabajadores amaran su trabajo y que se alegraran cada día de volver a él. Esos empresarios acumularían de esa manera menos tesoros en la tierra, a cambio de aumentar su tesoro en el cielo. Tendrían, como se dice en el mundo empresarial, una visión de largo plazo para su negocio; en verdad una visión de plazo eterno.
Nota: Pero hay más razones para vincular a este tipo de prácticas inhumanas, laborales o de otro orden, con Darwin. Al postular que el hombre y el mono, partiendo de una célula primigenia, descienden de un antepasado común, es decir, que el ser humano es producto de una evolución biológica ciega y sin propósito, que dio origen a todas las especies de seres vivos, Darwin redujo al hombre a la categoría de un simple animal, que puede ser manipulado, explotado o eliminado, con la misma naturalidad con que se trata al reino animal para provecho del hombre. Darwin proveyó la excusa apropiada para los crueles experimentos con seres humanos hechos por los nazis, así como también para tratar al feto humano como un simple amasijo de células que puede ser abortado sin escrúpulos.
sábado, 6 de septiembre de 2008
¡POBRE AVENIDA AREQUIPA UNA VEZ MÁS!
¡POBRE AVENIDA AREQUIPA UNA VEZ MÁS!
José Belaunde M.
En verdad que el criterio con que el Municipio de Lima ha diseñado la renovación de la calzada de la Avenida Arequipa en Miraflores es desconcertante y parece hecho con el propósito de irritar a los residentes de las manzanas vecinas.
Ya se ha denunciado en otro medio el cierre del paso por la calle Asunción que permitía atravesar la Av. Arequipa. Ese cruce cumplía la valiosa función de desahogar el tránsito de los vehículos que subiendo por la Av. Santa Cruz se dirigían a la Vía Expresa, pues proporcionaba un atajo que les permitía evitar el pesado tráfico que sufren las avenidas Santa Cruz y Aramburú. ¿Cuál ha sido la consecuencia? Al cerrar el paso por esa calle el tránsito de estas dos avenidas se ha vuelto aún más pesado de lo que ya era.
Igualmente desconcertante es que se haya cerrado el paso por la calle paralela que corre en sentido contrario (Santander) y que permitía a los autos que vienen por la Av. Arequipa, o por la Av. Petit Thouars ingresar a la Av. Santa Cruz sin tener que llegar hasta la esquina de la primera con ésta, o de la segunda con la Av. Aramburú. En ambos casos el cruce por la calle Santander aligeraba el tránsito de las avenidas involucradas.
Pocas cuadras más al Sur se ha cerrado el paso a través de la avenida por la calle Andalucía, que permitía dirigirse directamente al grifo que está en la cuadra 43 de la Av. Arequipa y también llegar directamente a la Vía Expresa antes del Puente Orué. Con el cierre de ese cruce se hace necesario de dar una vuelta en U para llegar al grifo o continuar hacia el puente. Esos trayectos de más, antes innecesarios, contribuyen a la congestión del tránsito de la Av. Arequipa. El Municipio de Miraflores debería intervenir a favor de los residentes del distrito que son los directamente perjudicados, para que se abran los cruces mencionados al tránsito.
Es curioso que en el diseño de la esquina del grifo no se haya respetado la bajada que permitía a los autos que llenaban su tanque en el primer surtidor regresar a la avenida por donde vinieron. El ángulo agudo dado a esa bajada les impide tomar la Av. Arequipa y los obliga a dirigirse hacia Petit Thouars. Otro disparate mayúsculo que incomoda al usuario. Supongo que la compañía dueña del grifo solicitará la corrección lógica de un diseño que perjudica a sus clientes.
Uno se pregunta ¿qué sentido tienen esas medidas? ¿Se ha tenido en cuenta las necesidades de los residentes de la zona que son los usuarios más inmediatos de la avenida Arequipa? Pero hay además otras preguntas fundamentales que hacer: ¿Puede el Municipio de Lima tomar medidas por encima de las cabezas de los residentes? ¿Pretende el Municipio convertir a la Av. Arequipa en una vía de tránsito rápido como la Av. Brasil, o en una vía libre para combis y micros? ¿Hay algún equipo de urbanistas en su sano juicio que apoye esos disparatados cierres? Una vez más observamos cómo el Municipio de Lima de manera dictatorial toma medidas arbitrarias sin tener en cuenta las necesidades de los usuarios de las calles y avenidas remodeladas. Peor aun, ese proceder deja la inevitable impresión de que el personal técnico que tiene a su cargo la remodelación de la avenida y de otras vías no tiene la competencia profesional adecuada, lo cual explicaría los problemas que han surgido en otras obras viales del Municipio Provincial.
José Belaunde M.
En verdad que el criterio con que el Municipio de Lima ha diseñado la renovación de la calzada de la Avenida Arequipa en Miraflores es desconcertante y parece hecho con el propósito de irritar a los residentes de las manzanas vecinas.
Ya se ha denunciado en otro medio el cierre del paso por la calle Asunción que permitía atravesar la Av. Arequipa. Ese cruce cumplía la valiosa función de desahogar el tránsito de los vehículos que subiendo por la Av. Santa Cruz se dirigían a la Vía Expresa, pues proporcionaba un atajo que les permitía evitar el pesado tráfico que sufren las avenidas Santa Cruz y Aramburú. ¿Cuál ha sido la consecuencia? Al cerrar el paso por esa calle el tránsito de estas dos avenidas se ha vuelto aún más pesado de lo que ya era.
Igualmente desconcertante es que se haya cerrado el paso por la calle paralela que corre en sentido contrario (Santander) y que permitía a los autos que vienen por la Av. Arequipa, o por la Av. Petit Thouars ingresar a la Av. Santa Cruz sin tener que llegar hasta la esquina de la primera con ésta, o de la segunda con la Av. Aramburú. En ambos casos el cruce por la calle Santander aligeraba el tránsito de las avenidas involucradas.
Pocas cuadras más al Sur se ha cerrado el paso a través de la avenida por la calle Andalucía, que permitía dirigirse directamente al grifo que está en la cuadra 43 de la Av. Arequipa y también llegar directamente a la Vía Expresa antes del Puente Orué. Con el cierre de ese cruce se hace necesario de dar una vuelta en U para llegar al grifo o continuar hacia el puente. Esos trayectos de más, antes innecesarios, contribuyen a la congestión del tránsito de la Av. Arequipa. El Municipio de Miraflores debería intervenir a favor de los residentes del distrito que son los directamente perjudicados, para que se abran los cruces mencionados al tránsito.
Es curioso que en el diseño de la esquina del grifo no se haya respetado la bajada que permitía a los autos que llenaban su tanque en el primer surtidor regresar a la avenida por donde vinieron. El ángulo agudo dado a esa bajada les impide tomar la Av. Arequipa y los obliga a dirigirse hacia Petit Thouars. Otro disparate mayúsculo que incomoda al usuario. Supongo que la compañía dueña del grifo solicitará la corrección lógica de un diseño que perjudica a sus clientes.
Uno se pregunta ¿qué sentido tienen esas medidas? ¿Se ha tenido en cuenta las necesidades de los residentes de la zona que son los usuarios más inmediatos de la avenida Arequipa? Pero hay además otras preguntas fundamentales que hacer: ¿Puede el Municipio de Lima tomar medidas por encima de las cabezas de los residentes? ¿Pretende el Municipio convertir a la Av. Arequipa en una vía de tránsito rápido como la Av. Brasil, o en una vía libre para combis y micros? ¿Hay algún equipo de urbanistas en su sano juicio que apoye esos disparatados cierres? Una vez más observamos cómo el Municipio de Lima de manera dictatorial toma medidas arbitrarias sin tener en cuenta las necesidades de los usuarios de las calles y avenidas remodeladas. Peor aun, ese proceder deja la inevitable impresión de que el personal técnico que tiene a su cargo la remodelación de la avenida y de otras vías no tiene la competencia profesional adecuada, lo cual explicaría los problemas que han surgido en otras obras viales del Municipio Provincial.
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