domingo, 25 de junio de 2017

LA VIDA Y LA PALABRA
Por José Belaunde M.
PABLO LLEGA A ROMA Y PREDICA I
Un Comentario de Hechos 28:11-22





En el artículo anterior hemos dejado a la comitiva de 276 personas con las cuales viajaba Pablo a Roma como prisionero, esperando en la isla de Malta que las condiciones de navegación fueran favorables para embarcarse nuevamente y empezar la 9na y última etapa de su viaje.

11. “Pasados tres meses, nos hicimos a la vela en una nave alejandrina que había invernado en la isla, la cual tenía por enseña a Cástor y Pólux.”
Mientras durara el invierno toda navegación era imposible o demasiado riesgosa, (Nótese al respecto que el verbo usado para designar el tiempo que las naves permanecían en un puerto seguro es precisamente “invernar”) pero, llegada la primavera, ya los barcos podían hacerse a la mar sin peligro. Los náufragos deben haber permanecido en la isla entre mediados de diciembre y mediados de marzo, o algo antes, cuando los vientos del oeste empiezan a soplar.
El centurión embarcó a los soldados y a los prisioneros en una nave alejandrina que posiblemente llevaba a Roma trigo egipcio, y que había invernado probablemente en Valeta, el puerto principal de la isla. La embarcación, nos informa Lucas, llevaba en la proa la enseña de los “dióscuros” Cástor y Pólux, dioses mellizos, hijos de Zeus, que eran considerados patrones de la navegación y, por tanto, eran venerados por los marineros.

12-14. “Y llegados a Siracusa, estuvimos allí tres días. De allí, costeando alrededor, llegamos a Regio; y otro día después, soplando el viento sur, llegamos al segundo día a Puteoli, donde habiendo hallado hermanos, nos rogaron que nos quedásemos con ellos siete días; y luego fuimos a Roma.”
Al día siguiente llegaron a Siracusa, el puerto más importante de Sicilia, situado en la costa sureste de la isla, conocida por ser la patria del matemático Arquímedes. Siracusa, dicho sea de paso, había sido fundada el año 734 AC por los corintios como una colonia, y pasó al dominio romano a fines del siglo III AC.
Después de permanecer tres días en dicho puerto, probablemente por falta de vientos favorables, cruzaron el estrecho de Mesina y llegaron al puerto de Regio, en la punta de la bota italiana, y al día siguiente, cubriendo la distancia de 180 millas náuticas (333 Km) en menos de dos días, gracias al viento favorable del Sur, llegaron al puerto de Puteoli, el moderno Pozzouli.
Éste, situado en la amplia bahía de Nápoles, y a cinco días de camino de Roma, era el puerto más importante del sur de Italia, en donde desembarcaban su carga los navíos alejandrinos que traían el trigo de Egipto.
Aquí encontraron una comunidad cristiana, lo que no es sorprendente, porque ahí había también una numerosa comunidad judía. No tenemos noticia del origen de esa iglesia en el puerto, pero su existencia nos da una idea de la rápida difusión del Evangelio por el imperio.
Puede sorprender que el centurión, llevando a un gran número de prisioneros a Roma, pudiera quedarse en Puteoli sólo a pedido de los hermanos que querían agasajar a Pablo. Pero es posible que él tuviera también asuntos que atender en ese puerto y, de todos modos, tenía suficiente libertad de acción para decidir prolongar su estadía en algún lugar si lo consideraba oportuno. Ya hemos visto cómo al inicio del viaje, en Sidón, el centurión permitió a Pablo ir a visitar a sus amigos (27:3). En el caso de la permanencia en Puteoli, cabe también pensar que, dado que él había decidido terminar su viaje por tierra y ya no por mar, le fuera necesario hacer los preparativos necesarios para conducir una compañía tan numerosa, formada por prisioneros y soldados, hasta la capital del imperio. Es muy probable que los cristianos de Puteoli mandaran a alguno de los suyos a la iglesia de Roma para anunciarles que Pablo estaba llegando.

Para que se tenga una idea del mundo al cual llegaba Pablo, quiero relatar un acontecimiento que se produjo casi coincidiendo con su llegada, si él desembarcó en Puteoli el año 59, o un año antes de su arribo, si éste se produjo el año 60.
El emperador Nerón, que había tenido una antigua disputa con su madre, Agripina II, quiso agasajarla ofreciéndole un banquete en su villa en Baiae, al extremo accidental de la bahía de Nápoles, y luego la despidió en el muelle, donde ella se embarcó para regresar a la villa donde residía al otro lado de la bahía. Pero este viaje era una trampa. El techo de la pequeña nave había sido preparado para que se desplomara sobre ella y la aplastara, y si esto fallaba, se había acondicionado una espartilla en el casco de la nave, que debía ser abierta para que dejara entrar el agua, y la nave se inundara y se hundiera.
Para mala suerte de Nerón las dos barras de hierro del techo no cayeron sobre su madre y ella, al hundirse la nave, se salvó nadando hasta la orilla, donde fue recogida por unos pescadores que la llevaron a su villa.
Enterado Nerón del fracaso de sus planes, mandó en la madrugada a unos rufianes que asesinaron a Agripina a golpes en su cama. (Nota 1) Este incidente no es sino una pequeña muestra de las intrigas, asesinatos, violaciones, estupros, etc. que eran parte de la vida cotidiana de la corte imperial en ese tiempo. ¡Cuánto ha cambiado el mundo desde entonces como consecuencia de la difusión del cristianismo!

15. “De donde, oyendo de nosotros los hermanos, salieron a recibirnos hasta el Foro de Apio y las Tres Tabernas; y al verlos, Pablo dio gracias a Dios y cobró aliento.”
El centurión condujo a la comitiva a su cargo tomando, unas cuantas millas más arriba de Puteoli, la famosa Vía Appia, una de las principales carreteras construidas por los romanos en el sur de Italia, llamada así en homenaje a Appius Claudius, el censor que la planeó (321 AC).
Los cristianos de Roma, alertados por sus hermanos de Puteoli, descendieron en comitiva para recibir a Pablo (2), según la costumbre antigua cuando se trataba de la llegada de personajes famosos (véase Mt 21:1-11), algunos hasta la localidad de Foro de Apio, a unos 70 Km de Roma, y otros hasta Las Tres Tabernas, a 55 Km de Roma. Esta recepción calurosa levantó el ánimo de Pablo, quien dio gracias a Dios por ello.

16. “Cuando llegamos a Roma, el centurión entregó los presos al prefecto militar, pero a Pablo se le permitió vivir aparte, con un soldado que le custodiase.” (3)
Llegados a Roma el centurión dio por terminada su misión entregando a los prisioneros –seguramente junto con el documento que especificaba los cargos contra cada uno de ellos- a la autoridad correspondiente, al stratopedarjés (o “prefectus praetorio”, en latín), esto es, al capitán de la guardia, que ese año era el honesto Afranio Burro. A Pablo, posiblemente por recomendación del centurión, se le permitió permanecer en arresto domiciliario, viviendo a sus propias expensas en una casa alquilada por él mismo, pero custodiado por un soldado. En el v. 20 más abajo Pablo dice que está “sujeto con esta cadena”. Eso se refiere muy posiblemente, según la práctica usual entonces, a que le habían puesto una cadena en la muñeca que lo ataba a un soldado, lo que quiere decir que no podía moverse, aún dentro de la casa, sin tener al soldado al lado suyo. (4) Eso era mejor que estar confinado en una cárcel hedionda y húmeda, como solían ser las cárceles en ese tiempo, pero de todos modos ¡qué terrible debe haber sido para él estar privado de toda privacidad! Él estaba sujeto con una cadena, pero como le escribe a Timoteo, la palabra de Dios no está encadenada (2Tm  2:9). Y tal como sucedió con José, cuando fue echado a una prisión en Egipto (Gn 39:21), el favor de Dios no dejó de acompañarlo y fortalecerlo.

17-20. “Aconteció que tres días después, Pablo convocó a los principales de los judíos, a los cuales, luego que estuvieron reunidos, les dijo: Yo, varones hermanos, no habiendo hecho nada contra el pueblo, ni contra las costumbres de nuestros padres, he sido entregado preso desde Jerusalén en manos de los romanos; los cuales, habiéndome examinado, me querían soltar, por no haber en mí ninguna causa de muerte. Pero oponiéndose los judíos, me vi obligado a apelar a César; no porque tenga de qué acusar a mi nación. Así que por esta causa os he llamado para veros y hablaros; porque por la esperanza de Israel estoy sujeto con esta cadena.”
Una vez que Pablo se hubo instalado en la casa que había alquilado, hizo llamar a los hombres principales de la comunidad judía de Roma (ciudad en la que había varias sinagogas) para hablarles, y estando ellos frente a él, les empezó a hablar, dirigiéndose a ellos en los términos que solía usar cuando se dirigía formalmente a una concurrencia judía: “Varones hermanos…” (Véase 13:15; 22:1; 23:1) (5).
Sus primeras palabras “no habiendo hecho nada contra el pueblo, ni contra las costumbres de nuestros padres”, tienen el propósito de defenderse, pero suenan casi como una acusación contra sí mismo. ¿Por qué adopta Pablo ese lenguaje? Porque era obvio para los concurrentes que él estaba ahí en la condición de prisionero, ya que tenía a su lado a un soldado al que, como ya se ha explicado, lo ataba una cadena ligera.
El propósito de sus primeras palabras era explicar el motivo por el cual él había sido enviado a Roma como prisionero para comparecer ante el tribunal del César. Podemos suponer que Lucas no nos proporciona sino una síntesis de las palabras de Pablo, que deben haber sido más explicativas.
Lo que él les dice puede ser resumido así: Yo he sido acusado por mis compatriotas ante los romanos (24:5-8; 25:5-7), pero éstos no hallaron en las acusaciones ninguna causa para condenarme, por lo que estaban dispuestos a soltarme (26:31,32). Pero dado que las autoridades de Jerusalén se opusieron a ello, me he visto obligado a apelar al tribunal del César (25:11,12) para no ser juzgado en Jerusalén -implícitamente porque allí mi vida corría peligro. Sin embargo, yo no tengo nada de qué acusar a los de mi nación. Os he convocado para que sepáis que estoy preso a causa de la esperanza de Israel.
Esta frase suele designar en boca de Pablo, en los otros pasajes donde él la utiliza, la promesa de la resurrección de los muertos (23:6; 24:14,15; 26:6-8). Pero en este momento designa, para el buen entendedor, la doctrina que sostiene que esa esperanza ya tuvo su primer cumplimiento en la persona del Mesías que resucitó de los muertos.

21,22. “Entonces ellos le dijeron: Nosotros ni hemos recibido de Judea cartas acerca de ti, ni ha venido alguno de los hermanos que haya denunciado o hablado algún mal de ti. Pero querríamos oír de ti lo que piensas; porque de esta secta nos es notorio que en todas partes se habla contra ella.”
Las palabras de Pablo habían sido suficientes para que ellos se dieran cuenta de que él estaba hablando de la secta de los nazarenos. Pero ellos en ese momento fingen no tener información concreta acerca de ella, salvo que no tiene buena fama entre ellos.
Naturalmente ellos tenían mucha información acerca de los seguidores de Jesucristo, porque años atrás todos los judíos habían sido expulsados de Roma por el emperador Claudio el año 49 o 50, según se sabe por el historiador Suetonio, a causa de una disputa surgida entre ellos en torno al nombre de Cristo (Véase Hch 18:2). Y es muy probable también que habían sido informados acerca de la oposición que Pablo había enfrentado en las sinagogas donde predicó el evangelio. Todo lo cual no significaba que ellos no quisieran escuchar lo que él tenía que decir.

Notas 1: Este incidente está relatado en el utilísimo libro “In the Fullness of Time” de Paul L. Meier, tan lleno de interesante información histórica y geográfica, y está basado en información proporcionada por los historiadores romanos Suetonio y Tácito.
2. La palabra que usa el texto griego (apántesin) es la misma que emplea Pablo cuando habla de recibir al Señor en el aire en 1 Ts 4:17.
3. Este es el último versículo del libro en que Lucas se incluye en la narración, lo que no quiere decir que abandonara a Pablo, sino simplemente que ya no se alojaba con él.
4. El rey Herodes Agripa I había estado detenido en Roma durante un tiempo en condiciones similares.
5. Pablo no necesitaba llamar primero a los ancianos de la iglesia de la ciudad porque ellos habían salido a recibirlo a su llegada.



Amado lector: Jesús dijo: "¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?” (Mt 16:26). Si tú no estás seguro de que cuando mueras vas a ir a gozar de la presencia de Dios, yo te invito a pedirle perdón a Dios por tus pecados haciendo una sencilla oración:
   "Jesús, tú viniste al mundo a expiar en la cruz los pecados cometidos por todos los hombres, incluyendo los míos. Yo sé que no merezco tu perdón, porque te he ofendido consciente y voluntariamente muchísimas veces, pero tú me lo ofreces gratuitamente y sin merecerlo. Yo quiero recibirlo. Me arrepiento sinceramente de todos mis pecados y de todo el mal que he cometido hasta hoy. Perdóname, Señor, te lo ruego; lava mis pecados con tu sangre; entra en mi corazón y gobierna mi vida.


#981 (25.06.17). Depósito Legal #2004-5581. Director: José Belaunde M. Dirección: Independencia 1231, Miraflores, Lima, Perú 18. Tel 4227218. (Resolución #003694-2004/OSD-INDECOPI). DISTRIBUCIÓN GRATUITA. PROHIBIDA LA VENTA. Los artículos recientemente publicados pueden leerse en el blog http://lavidaylapalabra.blogspot.com. Si desea recibir estos artículos por correo electrónico recomendamos suscribirse al grupo “lavidaylapalabra” enviando un mensaje a lavidaylapalabra-subscribe@yahoogroups.com. Pueden también solicitarlos a jbelaun@terra.com.pe. En las páginas web: www.lavidaylapalabra.com y www.desarrollocristiano.com pueden leerse muchos artículos antiguos. Encuéntrenos en FACEBOOK como “Jose Belaunde” o “La Vida y la Palabra” Sugiero visitar mi blog: JOSEBELAUNDE.BLOGSPOT.COM.

lunes, 27 de febrero de 2017

La revista sabatina del diario El Comercio, SOMOS, ha publicado en su edición 25 de febrero de 2017, ligeramente recortada, una carta mía comentando el artículo principal de su edición anterior dedicado al idioma quechua.

Por considerarlo de interés reproduzco a continuación el texto completo de esa carta con cuyo contenido espero que el lector bien informado esté de acuerdo.

Estimado señor Lavado:

Hace varias décadas tuve oportunidad de convivir con una comunidad de quechua hablantes que apenas balbuceaba el español, y me di cuenta de la importancia que tiene el quechua como elemento de nuestra identidad nacional. Mi proyecto de aprender entonces quechua en serio se frustró cuando viajé a estudiar al extranjero.

De vuelta al Perú, y demasiado ocupado para retomar ese proyecto, cuando sostenía que los costeños deberíamos aprender quechua antes que inglés en el colegio, se burlaban de mí. Pero yo estoy convencido de que si todos los peruanos habláramos, o al menos, conociéramos un poco ese idioma (o aymara en el sur), el Perú sería un país mucho más integrado y justo.

Por eso me alegro de que una revista de la circulación de Somos reconozca la importancia que tiene el quechua como elemento integrador de nuestra nacionalidad y como reivindicación de un sector marginado de nuestra sociedad.  

Atentamente,

José Belaunde M.

lunes, 29 de octubre de 2012

CARTA ENVIADA AL COMERCIO EL DÍA DE HOY A PROPÓSITO DE UN ARTÍCULO IRRESPETUOSO SOBRE JESÚS PUBLICADO EL 261012.   Estimado señor Director:;   El Sr. Juan Manuel Robles en su columna del viernes 26 de octubre ha cruzado una frontera que no debiera: la de hablar de Jesús de una manera irrespetuosa. La gravedad de sus palabras no estriba tanto en que con ellas ofenda a los cristianos de todas la iglesias –lo cual de por sí es ya grave- sino que ofenden a Dios mismo.

Quienes lo han hecho en el pasado han pagado severamente su osadía: un accidente mortal inesperado, una enfermedad incurable, o un loco que dispara a quemarropa, como le ocurrió a John Lennon.

Yo no deseo que le ocurra al escritor ninguna de esas cosas. Al contrario. Más bien le instaría a que se arrepienta, pues Dios es celoso de su gloria y nadie se burla de Él impunemente.
  Atentamente,   JBM

martes, 27 de diciembre de 2011

LA NAVIDAD SIN JESÚS

(Publico en este blog, por considerarlo pertinente, un artículo escrito por mí hace unos cinco años)

Dentro de unos días (al momento de escribir estas líneas) nosotros en el Perú, y miles de millones con nosotros en el mundo entero, vamos a celebrar la Navidad.

Es la fiesta más popular del año en esta parte del planeta, la más alegre, la más festiva; la fiesta del intercambio de regalos, de los abrazos y de las reuniones en familia; la fiesta de los niños, en la que los almacenes y las tiendas de juguetes hacen su agosto.

¿Qué es lo que celebramos? Mucha gente ni lo sabe. No sabe lo que celebran, lo han olvidado o no le dan importancia. Para ellos, si lo recuerdan, es un detalle secundario.

Pero para nosotros, y espero que también para ti, amable lector, sí es importante porque sabemos muy bien lo que celebramos.

Más allá de la cuna y del pesebre, de los pastorcillos y del canto de los ángeles, más allá del niño y de sus padres representados en los "nacimientos", celebramos la irrupción de la divinidad en la esfera humana, celebramos un acontecimiento extraordinario, casi inverosímil, celebramos el día en que Dios se hizo hombre: "Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros." (Jn 1:14)

Celebramos algo que los filósofos antiguos, que creían en un Ser Supremo, creador del universo, consideraban ontológicamente imposible, tan grande es la distancia que separa a la divinidad de la humanidad, una distancia infinita, infranqueable según ellos; celebramos algo que para los musulmanes es blasfemia tan sólo pensarlo.

Pero nosotros sabemos que no es fantasía, ni sueño ni leyenda. Sabemos positivamente que el Hijo de Dios se hizo hombre, se despojó -como dice Pablo- de su "forma de Dios (si es que Dios tiene forma)... y tomó forma de siervo, hecho semejante a los hombres." (Flp 2:6,7).

El Verbo, el Hijo de Dios, la segunda persona de la Trinidad, se acercó humildemente a nosotros, y nos dijo: "Yo quiero ser como uno de vosotros. Quiero compartir vuestra vida, vuestros dolores, vuestros sufrimientos y angustias, vuestros alegrías y vuestras ilusiones. Quiero que me conozcan como yo os conozco, como conocéis a vuestros hermanos y familiares, como conocéis a vuestros vecinos."

Sí. Eso es lo que celebramos. El acontecimiento más grande de la historia, el acontecimiento que cambió el destino de la humanidad, que le dio un nuevo rumbo.

Eso lo sabemos tú y yo. Pero ¿lo sabe el resto de la gente que celebra la Navidad?
¿Donde están en la televisión, en los diarios, en la radio, en las revistas, las palabras conmovidas que lo señalen, que lo anuncien, que lo celebren, que lo comenten?

Si algo anuncian los periódicos, en páginas a todo color, es la multitud de regalos y de juguetes, que se ofrecen a buen precio para saciar la avidez de comprar que se apodera de la gente en esta temporada navideña.

¿Dónde está Jesús, nuestro Maestro, nuestro Salvador, en todo este barullo? No está en ninguna parte, apenas se le menciona. Jesús está ausente en la fiesta de su cumpleaños.

Es como si tus familiares y tus amigos se reunieran en tu casa, para festejar "tu santo", pero a ti no te invitaran. Peor, si quieres participar de la fiesta, de "tu" fiesta, te cierran la puerta, y te botan de mala manera gritando: "A ti no te queremos aquí. ¡Vete!"

Pero tú, amable lector, si no en tu casa, al menos en tu corazón, ¿vas a celebrar la Navidad con el "dueño del santo", o le vas a cerrar también frívolamente la puerta?

viernes, 16 de diciembre de 2011

EN QUÉ IDIOMA HABLABA JESÚS

Miraflores, 16 de diciembre, 2011

Señor Director
Diario La República
Pte.

Estimado Señor Director:

Quisiera hacer algunas precisiones a la interesante e informada nota del Sr. Eleazar Ramos, publicada el lunes pasado, en respuesta a la pregunta: ¿En qué lengua hablaba Jesús? Antes del exilio babilónico, ocurrido a inicios del siglo VI AC, los judíos hablaban hebreo. Durante el exilio aprendieron a hablar el arameo, la lengua de sus conquistadores, que se hablaba en la mayor parte del Medio Oriente, y retornaron hablando ese idioma. Pero hay evidencias muy fuertes de que buena parte de la población no había olvidado el hebreo, y de que, al menos, lo hablaba la elite religiosa. Muy posiblemente Jesús también.

Alejandro Magno (último tercio del siglo IV A.C.) conquistó el Medio Oriente e impuso la lengua y la cultura griega en los territorios conquistados. Como consecuencia el griego se convirtió en la “lingua franca” del Medio Oriente y del Mediterráneo (como lo es el inglés en nuestros días en el mundo entero). Incluso en Roma parte de la población hablaba también griego (Pablo de Tarso escribió su Epístola a los Romanos en esa lengua, que era posiblemente, dicho sea de paso, su lengua materna, aunque dominaba el hebreo por sus estudios con Gamaliel).

Los romanos no impusieron el latín a la provincia ecuestre de Judea, que era gobernada en tiempos de Jesús por el “gobernador” Poncio Pilatos (Su título oficial era prefecto). Es por tanto poco probable que Jesús lo hablara. Sus diálogos con el gobernador romano que consignan los evangelios se realizaron en griego.

Hay evidencias en el Nuevo Testamento de que Jesús y la población judía hablaban hebreo. Según relata Pablo cuando Jesús resucitado se le apareció camino a Damasco le habló “en lengua hebrea” (Hechos 26:14). Cuando él se dirige a la multitud judía que lo había querido linchar, les habla en “en lengua hebrea”. Cuando ellos lo oyeron hablar “en lengua hebrea”, es decir, en su lengua, según el contexto, guardaron silencio (Hch 21:40 y 22:2). Hay quienes sostienen que eso quiere decir “en arameo”. Pero es improbable que un hombre culto como el médico Lucas, autor del libro de los Hechos de los Apóstoles, confundiera ambas lenguas. Según el evangelio de Juan el título que Pilatos ordenó poner en la cruz de Jesús, y que decía “Jesús nazareno, rey de los judíos” estaba escrito en hebreo, griego y latín (Juan 19:19 y 20). ¿Por qué ordenaría escribirlo también en hebreo si esa lengua no era hablada en Judea?

Los evangelios y el resto del Nuevo Testamento fueron escritos en el griego común (“koiné”) que era hablado en el Medio Oriente. Pero hay evidencias fuertes de que hay un substrato hebreo en su redacción. El hebraísta francés Claude Tresmontant, autor de “Le Christ hébreu”, ha detectado decenas de hebraísmos en el griego de los evangelios. De hecho, San Jerónimo, el autor de la traducción de la Biblia al latín, llamada “Vulgata”, dice que Mateo escribió su evangelio en hebreo. Algunos sostienen que quiso decir arameo. ¿Confundiría el hebreo con el arameo un erudito como Jerónimo, que se había establecido durante años en Belén para aprender hebreo con los rabinos de esa ciudad, y que había traducido de los originales hebreo y arameo el texto del Antiguo Testamento? (La mayor parte del Antiguo Testamento fue escrita en hebreo; sólo algunas cortas secciones lo fueron en arameo). Su testimonio es corroborado por varios escritores cristianos de los primeros siglos, como Papías, Ireneo, Orígenes, Eusebio.

Pero la evidencia más fuerte de la supervivencia del hebreo en Judea la constituyen los manuscritos del Mar Muerto. Estos textos, descubiertos el año 1947 en unas cuevas cerca de dicho lago salado, significaron una revolución para la paleontología bíblica. ¿Por qué motivo los “sectarios de Qumrán”, como se les ha llamado a los cenobitas del desierto que escribieron y usaban esos textos aproximadamente un siglo antes de Jesús, los redactarían mayormente en hebreo si esa no era una lengua viva hablada en su tiempo? Aun uno de los principales defensores de la tesis aramea del origen de los evangelios, el Prof. Mathew Black, ha reconocido que el descubrimiento de esos manuscritos obliga a revisar su teoría.

Es cierto, por el lado contrario, que los evangelios consignan algunas palabras arameas en su texto: “Talita cumi” (niña levántate), “Efata” (ábrete), “Raboni” (maestro), y que el evangelio de Marcos dice que poco antes de expirar Jesús clamó en arameo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Eloi, Eloi, ¿lama sabactani?) . Jesús llama a Pedro en arameo Cefas (en el evangelio de Juan 1:42) e igualmente lo llama Pablo así (y no Pedro) en dos de sus epístolas, lo que sería una indicación de Jesús hablaba con sus apóstoles en arameo. Pero en el texto griego de los evangelios figura un número mucho mayor de palabras hebreas que sería muy largo citar aquí. (Las más conocidas son: Mamón, Belcebú, Satán, raca).

Por último, la Mishná, la primera parte del Talmud, publicada en Galilea a inicios del siglo III D.C. fue escrita en hebreo. ¿Por qué lo harían si esa no era una lengua hablada? (La Guemará, la parte más voluminosa de ambos talmud –el jerosalimitano y el babilónico,- fue escrita en arameo entre los siglos IV y VI D.C.)

¿En qué lengua hablaba Jesús? La pregunta es más compleja de lo que parecería superficialmente. Posiblemente hablaba tanto en arameo como en hebreo o en griego, dependiendo de quiénes eran sus interlocutores y en qué lugar se encontraba.

Atentamente,

José Belaunde Moreyra

miércoles, 14 de diciembre de 2011

MATRIMONIO O CONVIVENCIA

Vivir juntos sin casarse, la llamada cohabitación o convivencia, es un mal negocio para la mujer. Ella contribuye con dinero, tiempo y afecto a la relación, pero no recibe a cambio ninguna garantía de estabilidad o de seguridad económica o afectiva, porque la relación puede romperse en cualquier momento a iniciativa de cualquiera de las partes. El matrimonio, en cambio, no puede disolverse así no más y, por tanto, da mayor seguridad a la mujer. Además, y esto es muy importante, le da estatus social. No es lo mismo ser la novia, la amiga o pareja de un hombre que ser su “señora”, su esposa, llevar su apellido.
Comprometerse a fondo con una persona ayuda a estabilizar la relación. Los esposos que han convivido antes de casarse están menos comprometidos el uno con el otro que los que no vivieron juntos, porque empezaron manteniendo “in pectore” la posibilidad de deshacer la relación.
El compromiso engendra confianza mutua. Por ese motivo la interacción en la convivencia es más conflictiva que en el matrimonio, porque hay menos confianza en la otra parte. A la vez, como no hay compromiso ni seguridad en la relación los convivientes tienden a ser manipuladores.
Según estudios realizados, la convivencia suele generar mayor satisfacción sexual al comienzo (y por eso se ha vuelto tan popular), pero a la larga la satisfacción decae. En el matrimonio la satisfacción sexual es de más largo aliento y tiende a profundizarse con el tiempo.
La convivencia es dañina para los hijos comunes de la pareja por la inseguridad intrínseca de la relación, pero lo es sobre todo para los hijos previos de uno y otro. El amigo o la amiga “cama adentro” no son verdaderos padres para ellos. En el Perú los casos de violación de hijos por el conviviente que no es el padre son numerosos. En el matrimonio, los casos de violación de hijos son rarísimos.
Los hombres y mujeres que apuntan al matrimonio y evitan la convivencia escogen mejor a la persona con que se unen, porque lo hacen con más cuidado y reflexión, pensando en el largo plazo . Lo que “invierten” de sí mismos en el matrimonio es mucho más que en la convivencia. Eso es aun más cierto cuando se contrae matrimonio como un compromiso para toda la vida. Pero cuando falta ese compromiso para toda la vida al celebrar las nupcias, el matrimonio es poco más que una convivencia formalizada. Estrictamente en ese caso los esposos están casados sólo a medias y pensarán en el divorcio más fácilmente.
El matrimonio hace también que para los casados (especialmente para las mujeres) la familia se convierta en el aspecto más importante de su vida, más importante que su trabajo. Los casados atesoran además su vida familiar porque son concientes de que contribuye a estabilizarlos emocionalmente.
Todo ser humano tiene una necesidad innata de compañía, de apoyo; de amar y de ser amado. Estas necesidades afectivas básicas suelen ser mejor satisfechas en el matrimonio que en la mera convivencia, porque en ésta el compromiso mutuo es menor y es mayor la independencia que cada parte guarda respecto de la otra. Por tanto, inevitablemente ambos se dan y se entregan menos el uno al otro.
Lamentablemente la TV moderna no pinta con colores favorables al matrimonio, y presenta, en cambio, a la convivencia como algo normal, cuando, de ser realista, debería presentar los inconvenientes que tiene la convivencia, sobre todo para la mujer, y mostrar las grandes ventajas que el matrimonio tiene para la pareja y para sus hijos.

viernes, 1 de julio de 2011

LA DEMOCRACIA Y EL ISLAM

Ahora que se están produciendo levantamientos simultáneos en varios países del mundo árabe contra las dictaduras que los gobiernan desde hace décadas, ha surgido la esperanza de que esos regímenes autocráticos que empobrecen a sus pueblos para beneficio de una elite privilegiada, sean reemplazados por gobiernos democráticos.

Pero esa es una ilusión que desconoce la historia. La democracia que hoy conocemos como sistema de gobierno es una creación de la civilización occidental cristiana y no puede ser exportada fácilmente a otras culturas, y menos que a ninguna otra a la musulmana, cuyo sistema de gobierno ideal es el califato de estructura vertical y autócrata.

El único país árabe en el que ha habido durante un tiempo democracia es el Líbano, porque al lado de la población musulmana convivía en ese país una numerosa población cristiana que lo gobernó en la práctica, es cierto armando inestables coaliciones políticas, hasta que fue invadido en la década de los noventa por Siria.

La democracia libanesa fue heredada del protectorado francés que rigió ese país y Siria entre las dos guerras mundiales. Pero en Siria, mayoritariamente musulmán, la democracia no pegó.

Rusia, aunque es un país cristiano, nunca conoció la democracia. Pasó de la autocracia zarista a la dictadura comunista (que sobrevive bajo un manto republicano), porque no pertenece a la tradición latina (occidental) sino a la bizantina (oriental) en la que ambos poderes, el político y el religioso, estuvieron concentrados en la mano del emperador bajo el sistema que ha sido llamado “césaropapismo” (Recuérdese que “zar” es “césar” en ruso).

Aparte de Israel, -que es una democracia de tipo occidental, aunque no es un país cristiano, pero cuyo sistema de gobierno parlamentario los inmigrantes judíos trajeron consigo de Europa- han existido ininterrumpidamente en Asia desde el final de la segunda guerra mundial, sólo dos democracias propiamente dichas: el Japón y la India. Al primero la democracia le fue enseñada pacientemente por ese hombre de genio que fue el general Mac Arthur, comandante de las fuerzas de ocupación. El segundo heredó la democracia parlamentaria de sus colonizadores británicos. Corea del Sur y Taiwan son actualmente también democracias, pero después de haber vivido mucho tiempo bajo dictaduras. En la China, aunque ha liberalizado su economía, impera una dictadura de partido.

En las demás excolonias británicas del Lejano Oriente (como Myanmar, Malasia, Pakistán y Bangladesh) que son, salvo la primera, de religión musulmana, como lo es también la excolonia holandesa Indonesia, la democracia fue pronto sustituida por regímenes autocráticos. Una excepción en esa región es el estado isla de Singapur, de población mayoritariamente china y en parte cristiana, que tiene una democracia parlamentaria. Tailandia y los tres países que conformaron la antigua Indochina francesa, han oscilado entre democracias formales y regímenes abiertamente dictatoriales.

Los demás países musulmanes del Cercano y Medio Oriente han tenido sea monarquías o dictaduras desde que se independizaron. El intento norteamericano de imponer la democracia en Irak, fue un rotundo fracaso que ha dejado a ese país en el caos. En Irak como en Egipto, la desaparición de gobiernos fuertes ha puesto en peligro a las numerosas comunidades cristianas que antes gozaban de la protección que les brindaba el orden establecido. Ahora es de temer que el espacio que ha quedado vacío en los países convulsionados sea ocupado por la Hermandad Musulmana, o por otros grupos islamistas que tienden hacia el fanatismo religioso, lo que los aleja de una posible primavera democrática.

Turquía, que es un país musulmán mas no árabe, vivió bajo una dictadura militar desde la revolución de Kemal Ataturk en 1922 hasta el final de la segunda guerra mundial, en que se estableció una democracia que ha sido varias veces interrumpida por golpes de estado, pero ahora goza de mayor estabilidad.

De los países del Magreb colonizados por Francia, Marruecos es una monarquía autoritaria; Argelia es una dictadura; así como lo era la convulsionada Túnez. En las excolonias europeas del África subsahariana, donde conviven en porcentajes variados las religiones tradicionales, el cristianismo y el Islam, las democracias instauradas cuando alcanzaron la independencia cedieron pronto el lugar a dictaduras de hecho o a democracias frágiles. El Senegal, de mayoría musulmana, sería una excepción.