sábado, 17 de enero de 2009

¿QUE PENSAR DE LO QUE ESTÁ SUCEDIENDO EN GAZA

Varias personas me han preguntado qué pienso acerca de lo que está ocurriendo en franja de Gaza, sin que tenga por ahora visos de acabar.

Quisiera para comenzar reproducir un artículo del periodista Gideon Levy aparecido pocos días después de iniciado el ataque, en el diario Haaretz de Jerusalén, pues expresa muy bien lo que la gente sensata de ese país piensa.



02-01-2009

FUERZA AÉREA ISRAELÍ, MATONES DE LOS CIELOS AZULES

Gideon Levy
Haaretz

En estos momentos nuestros mejores jóvenes están atacando Gaza. Buenos muchachos procedentes de buenas familias están haciendo cosas malas. La mayoría de ellos son elocuentes, impresionantes, rebosan confianza en sí mismos, a menudo se jactan incluso de albergar principios elevados, y el Sábado Negro docenas de ellos salieron a bombardear algunos de los objetivos de nuestro "campo de tiro" de la Franja de Gaza.
Salieron a bombardear la ceremonia de graduación de los jóvenes agentes de policía que habían conseguido hacerse con ese escasísimo bien en Gaza, un puesto de trabajo, y los masacraron por docenas. Bombardearon una mezquita, matando a cinco hermanas de la familia Balousha, la más joven de las cuales tenía cuatro años. Bombardearon un cuartel de policía hiriendo a una doctora que pasaba por allí. La doctora se encuentra ahora en estado vegetativo en el hospital de Shifa, que regurgita muertos y heridos. Bombardearon una universidad que en Israel llamamos la Rafael palestina, es decir, el equivalente del fabricante de armas israelí, y destruyeron los dormitorios de los estudiantes. Lanzaron centenares de bombas desde el cielo azul sin encontrar la más mínima resistencia.
En cuatro días mataron a 375 personas. Ni distinguieron ni tenían posibilidad de distinguir entre un oficial de Hamas y sus hijos, entre un policía de tráfico y un operador de lanzaderas de Kassams, entre un escondite de armas y una clínica, entre el primer y el segundo piso de un bloque de apartamentos densamente poblado con decenas de niños dentro. Según los informes, aproximadamente la mitad de los muertos han sido civiles inocentes. No nos estamos quejando de la puntería de los pilotos, las cosas no pueden ser de otra manera cuando el arma es un avión y el objetivo una diminuta franja donde se hacinan multitudes. Nuestros excelentes pilotos son ahora, efectivamente, matones. Igual que en los vuelos de entrenamiento lanzan sus bombas sin la más mínima molestia, sin tener delante a una fuerza aérea enemiga ni un sistema defensivo.
Es difícil juzgar lo que piensan, cómo se sienten. De todos modos, es poco probable que eso importe. A los pilotos se los mide por sus acciones. En cualquier caso, desde una altura de miles de pies la imagen se ve tan borrosa como la mancha de tinta de un test Rorschach. Se fija el objetivo, se pulsa el botón y surge una columna de humo negro. Otro "blanco alcanzado". Ningún piloto ve el efecto de sus acciones sobre el terreno. Seguramente tienen la cabeza llena de historias de horror de Gaza –un lugar en el que ellos jamás han puesto los pies-, como si no hubiera allí un millón y medio de personas que sólo anhelan vivir con un mínimo de honor, algunos de ellos tan jóvenes como ellos, con sueños de estudiar, trabajar y criar una familia, pero que no tienen la oportunidad de cumplir sus sueños, con o sin bombardeos.
¿Pensarán los pilotos en ellos, en los hijos de los refugiados cuyos padres y abuelos ya han sido expulsados de sus propias vidas? ¿Pensarán en las miles de personas que han dejado reducidas a un estado de discapacidad permanente en un territorio sin un solo hospital digno de ese nombre y que no dispone de ningún centro de rehabilitación? ¿Pensarán en el odio lacerante que están sembrando no sólo en Gaza sino también en otros rincones del mundo en medio de las horribles imágenes difundidas por la televisión?
No fueron los pilotos quienes decidieron ir a la guerra, pero ellos son los subcontratistas. La verdadera responsabilidad recae sobre los encargados de tomar las decisiones, pero los pilotos son sus socios. Al regresar a casa se les acogerá con todo el respeto y el honor que solemos reservarles. Con toda seguridad, no solamente no habrá nadie que trate de inducirles a una reflexión moral sino que además son considerados como los verdaderos héroes de esta maldita guerra. En sus partes diarios el portavoz del ejército israelí ya se está desmelenando con elogios el "magnífico trabajo" que están haciendo. Evidentemente, también él ignora por completo las imágenes de Gaza. Después de todo, estos pilotos no son sádicos agentes de la Policía de Fronteras que apalean a los árabes en las callejuelas de Nablús y en el centro de Hebrón, o crueles soldados de incógnito que matan a sangre fría a sus objetivos disparando sobre ellos a bocajarro. Estos, como hemos dicho, son lo más granado de nuestra juventud.
Tal vez si tuvieran que confrontar los resultados de su "magnífico trabajo" es posible que lamentaran sus decisiones y reconsideraran los efectos de sus acciones. Si solamente visitaran una vez el Pabellón de Pediatría y Rehabilitación Juvenil del hospital Alyn de Jerusalén, donde Marya Aman, de siete años, lleva casi tres años hospitalizada -es una niña cuadriplégica que gobierna su silla de ruedas y su vida con su mentón-, tal vez experimentaran algún remordimiento. Esta adorable niña fue alcanzada en Gaza por un misil israelí que mató a casi toda su familia. Cortesía de nuestros pilotos.
Pero todo queda bien oculto de la mirada de los pilotos. Ellos sólo se limitan a hacer su trabajo, como se suele decir, solo obedecen órdenes, como si fueran máquinas de bombardear. En los últimos días se han superado a sí mismos en su labor y los resultados están a la vista de todo el mundo. Gaza se lame sus heridas, igual que antes lo hiciera el Líbano, y casi nadie se detiene un instante para preguntar si todo esto es necesario o inevitable y si favorece en algo a la seguridad y a la imagen moral de Israel. ¿Están regresando nuestros pilotos a sus bases sanos y salvos, o están regresando en realidad transformados en personas despiadadas, crueles y ciegas?
Fuente: http://www.haaretz.com/hasen/objects/pages/PrintArticleEn.jhtml?itemNo=1051317


El amor que muchos cristianos evangélicos (sobre todo en los EEUU) tienen por Israel los vuelve ciegos a las injusticias que el gobierno de ese país comete. Es una especie de idolatría a la que sacrifican no sólo su sentido de equidad sino hasta el más elemental sentido común.

Ellos creen que, por tratarse del pueblo elegido (elegido en el Antiguo Testamento, porque el pueblo elegido en el Nuevo Testamento somos nosotros los cristianos. Véase 1P 2:9; Gal 3:28,29; Rm 2:28,29) Dios aprueba todo lo que el estado moderno de Israel haga, sea bueno o malo según las normas morales que están en la Biblia, y con las que solemos calificar las acciones humanas.

Pero Dios no tiene dos conjuntos de normas y principios morales, uno aplicable a Israel y otro al resto de los mortales, esto es, a los gentiles, entre los que nos contamos nosotros los cristianos no judíos.

Las leyes de Dios se aplican a todos por igual, cristianos o judíos o paganos, porque Dios no hace acepción de personas. Y si hubiera una diferencia, las aplicables a los que por un motivo u otro están más cerca de Él, son más severas, porque al que mucho se le da mucho se le demanda. (Lc 12:48)

Los judíos no tienen patente de corso para hacer lo que quieran con su prójimo, aunque éstos sean árabes palestinos. Lo que es condenable en un no judío lo es igualmente en un judío. Los que creen que Dios no castigará a Israel por las injusticias que comete con sus hermanos árabes (hermanos porque unos y otros descienden de Abraham) deberían leer el AT. ¿Acaso no destruyó Dios a causa de sus pecados a las diez tribus del reino del Norte que fue conquistado por los asirios? ¿No usó Dios por el mismo motivo a Nabucodonosor para que destruyera el templo y la ciudad de Jerusalén y se llevara lo mejor del pueblo cautivo al exilio? El que quiera tener una idea de lo que piensa Dios acerca de los pecados de su pueblo que lea Jr 7:1-20, especialmente los vers. 5 al 7.

Sería blasfemar de Dios pensar que Él aprueba lo que está haciendo la aviación y el ejército israelí en estos días en la sufrida Gaza, atacando a una población civil indefensa, derribando viviendas, bombardeando hospitales y atacando ambulancias, matando a centenares de personas inocentes, dejando niños huérfanos y a muchos hombres y mujeres lisiados de por vida.

Nosotros como cristianos tenemos en gran estima al pueblo y a la tierra de Israel, entre otros motivos, 1) porque durante mucho tiempo fueron sus testigos en medio de un mundo pagano; 2) porque Dios reveló a través de ellos su bendita palabra; y 3) porque confiamos en que, después de muchos siglos de incredulidad, al final de los tiempos , como está profetizado, un remanente de ese pueblo que Dios suscitó para que de su seno naciera Jesús, lo reconocerá como Mesías y Salvador. Aunque la mayoría de ellos en nuestro tiempo no crean en Dios el pueblo judío es un testigo extraordinario de la presencia de Dios en la historia, y de la realidad de sus promesas, pues sin una intervención de lo alto hubiera sido imposible que un pueblo sin tierra, perseguido y expulsado de todas partes y despreciado durante siglos, se haya mantenido unido y no haya perdido su identidad.

Pero nosotros no podemos identificar al pueblo que es portador de las promesas de Dios con su gobierno de turno, porque éste es un fenómeno político transitorio, sujeto a los vaivenes de la lucha por el poder, como bien escribe el rabino Morris N. Ketzer en su libro “What is a Jew?” (libro que por lo demás recomiendo al que quiere tener en un volumen compacto lo esencial de las creencias y tradiciones de ese pueblo)-

Israel es ciertamente un país admirable desde muchos aspectos, como todos los que hemos estado ahí recientemente hemos podido ver. Es un país moderno que está a la vanguardia en muchos campos de la tecnología moderna. Es la única democracia verdadera de esa región, donde se respetan las libertades y se vive bajo el imperio de la constitución. Lo cual no quiere decir que sea una nación libre de injusticias y de discriminación, pues los judíos de origen oriental o norafricano (Mizrajis), de tez oscura, son desfavorecidos respecto de los judíos de origen europeo (Askenazim).

La sociedad israelí moderna es atea, racionalista y sumamente etnocéntrica. La mayoría de su población está alejada de Dios. Sólo una pequeña minoría ortodoxa conserva la fe rabínica de sus mayores, si bien, debido al carácter fracturado de la política de ese país, ejerce gran influencia en la legislación. Por ello los judíos mesiánicos (cristianos) que emigran a Israel encuentran serios obstáculos burocráticos para obtener la ciudadanía que la constitución garantiza a toda persona nacida de una mujer judía.

Nuestra estima por Israel no debe llevarnos a aprobar todo lo que hace su gobierno actual, cuya torpe política lo llevó a convertirse en el gobierno más impopular que lo haya gobernado en sus 60 años de independencia. Se le ha echado en cara, creo yo con razón, que la ofensiva contra Gaza fue motivada por la necesidad que tenía la coalición gobernante de levantar sus bonos frente a las elecciones que se van a realizar en febrero. Y en efecto, han logrado su propósito pues su popularidad ha aumentado.

El hecho es, sin embargo, que al atacar Gaza, el gobierno de Israel ha caído en la trampa que le tendió el movimiento terrorista palestino Hamás. Este grupo extremista no busca defender a los palestinos. Lo que quieren es poder. Para ello necesitan víctimas para presentarse como defensores de la causa de su pueblo. Ahora están teniendo todas las víctimas que necesitan por cortesía del ejército israelí.

La dureza con que Israel ha respondido a las protestas palestinas y ha tratado a sus organizaciones en el pasado no le ha rendido buenos dividendos, sino lo contrario. Hamás surgió como consecuencia de la intransigencia de Israel con la OLP, que era relativamente moderada. Hizbulá, cuya potencia de fuego hizo fracasar la incursión israelí en el Líbano hace dos años, no existía cuando Sharon invadió el sur del Libano a inicios de la década del 80 causando centenares de víctimas. La actual ofensiva no ha aumentado el respaldo de la población palestina al presidente Abbas. Ha reforzado más bien la popularidad de Hamás.

La estrategia que sigue Israel –como nos explicaba el inteligente guía argentino-israelí que tuvo nuestro grupo en nuestra reciente gira a ese país- busca que sus vecinos les tengan no miedo, sino pánico, para que no se atrevan a meterse con ellos. Es una estrategia terriblemente inhumana, que puede ser eficaz en el corto plazo, pero que es trágicamente equivocada en el largo plazo porque, si bien es cierto que el temor paraliza, también engendra odio. Y el odio es una fuerza terriblemente destructora cuando estalla.

Al iniciarse la incursión en Gaza la mayoría de la población Israelí desaprobaba la acción de su gobierno. Hoy el 90% la aprueba. La población ha cerrado filas detrás de sus fuerzas armadas. El diario de oposición Haaretz ya no publica artículos como el de G. Levy que he reproducido arriba criticando al gobierno. Sin embargo, ha trascendido que de los tres miembros de la “troika” del Ejecutivo que tiene las decisiones en sus manos, el Ministro de Defensa, Ehud Barak, y la Ministra de Relaciones Exteriores, Zvi Livni, desean un alto al fuego, porque son concientes del enorme daño que estas acciones le están haciendo a la imagen de Israel en el exterior. Pero el Primer Ministro Ehud Olmert quiere continuar la ofensiva hasta las últimas consecuencias y evita convocar al Consejo de Ministros para ganar tiempo.

Último momento: Al terminar este escrito hoy sábado 17 a las 8 pm hace una hora que Israel ha declarado un cese de fuego unilateral en Gaza. Se trata de una cesación de hostilidades de parte israelí que no garantiza que Hamás no continúe disparando cohetes. Por es motivo es un cese de fuego sumamente frágil que puede ser roto en cualquier momento. Pero al menos traerá un poco de calma a la atribulada franja que abre la posibilidad de que los socorros humanitarios puedan llegar y ser distribuidos entre la población con más facilidad.

No hay comentarios: